Euriante, Carl Marie von Weber

[Euryanthe]. Ópera romántica en tres actos y seis cuadros sobre libreto de Helmine von Chézy, representada en Viena el 25 de octubre de 1823 con Henriette Sontag, y en Milán en 1902 con Rosina Storchio.

El asunto deriva de una no­vela de la Edad Media Histoire de Gerard de Nevers et de la belle et vertueuse Eu­ryanthe de Savoie, sa mié, en la cual se inspiraron también una novela de Boccaccio y el Cimbelino (v.) de Shakespeare. Euriante es la esposa inocente, sospechosa de infidelidad. Contra ella hay una prueba de naturaleza que podríamos llamar ínti­ma: un hombre sabe, por confidencia de una doncella suya, que Euriante tiene un lunar bajo el seno izquierdo y se sirve deshonestamente de la confidencia. En los teatros de la Viena de 1821, no se podía decir una cosa parecida. Por ello se hicie­ron once refundiciones y modificaciones del libreto y al fin un enorme embrollo con fantasmas y profecías que resultó fatal para el éxito de la ópera. Eglantina, favorecida por Euriante, vive con ella y le finge de­voción, pero en realidad la odia porque el caballero Lysiart, a quien ama, parece pre­ferir a Euriante. En cambio, Euriante ama al conde Adolaro y es correspondida.

Ly­siart, celoso, para sembrar la cizaña, afirma no creer en la fidelidad de Euriante y se compromete a demostrarlo apostando en el intento su propia fortuna contra la de Ado­laro. Se da el caso de que, en el castillo de Euriante, existe la tumba de una suicida, Emma, que bebió el veneno contenido en un anillo para no sobrevivir a su prome­tido Udo, muerto en batalla. Euriante a me­nudo se dirige a rezar sobre aquella tum­ba; en cierta ocasión, el fantasma de Emma le reveló que no podría tener paz en su tumba «hasta que las lágrimas de la ino­cencia calumniada no bañen el anillo, y hasta que no se encuentre una víctima tan generosa que ofrezca su propia vida para salvar a quien se la quitó». En resumen: Eglantina roba el anillo y se lo da a Ly­siart, para que éste lo ostente y pueda hacer creer a Adolaro que lo recibió como prenda de amor de la misma Euriante. La maquinación se produce en presencia del Rey. Adolaro paga la apuesta y cede todos sus bienes a Lysiart. Euriante está presen­te, pero ni se defiende ni habla.

Adolaro la conduce a un lugar desierto para matarla: salta una serpiente o un dragón y ella le protege con su propio cuerpo. Después de semejante prueba de devoción, él ya no tiene valor para realizar su intento, pero la abandona en aquel lugar. Llega el Rey con sus cazadores: y sólo entonces Euriante recobra la palabra y revela la maquinación de Eglantina y de Lysiart. El rey promete vengarla y Euriante cae inanimada: la de­jan por muerta. Entre tanto Eglantina ha conseguido sus fines y va a casarse con Lysiart, en medio de las manifestaciones de alegría de los aldeanos. Se presenta Adolaro que comprende que ha sido engañado y provoca a duelo a Lysiart. Pero intervie­ne el Rey para separarles y anunciar lo que le parece haber visto con sus propios ojos, es decir, la muerte de Euriante. Eglan­tina, triunfante, se jacta de haber robado el anillo; pero entonces Lysiart, aterroriza­do, para hacerla callar, la mata y es en­carcelado. Al final aparece Euriante, viva; Adolaro le pide perdón y se celebran las bodas.

Weber buscaba pretexto para mú­sica romántica y el libreto se lo ofrecía. La obertura — la preferida por Weber, entre todas las suyas — contiene los temas de Adolaro y del fantasma. Es impetuosa en la primera parte y misteriosa en el largo central. Pero cada uno de los 25 números de la ópera constituye por sí mismo un pequeño drama, en el que el recitativo tie­ne una importancia al menos similar a la de las arias y anuncia decididamente el re­citativo wagneriano. Ya es fácil advertir cierta semejanza entre el mutismo de Eu­riante y el de Elsa de Lohengrin (v.), así como entre la pareja Eglantina-Lysiart y la pareja Ortruda-Federico de la misma épo­ca. Pero esta prefiguración de Wagner (que constituye uno de los rasgos más intere­santes de la ópera) va mucho más lejos y llega al «leitmotiv» y al verdadero «tema»: tema de los fantasmas, de Adolaro, de Eglantina, etc. Se puede afirmar, en con­clusión, que Euriante (definida por Hugo Wolf como «un manual práctico para com­positores de óperas») anticipa todas las ex­periencias del siglo XIX y explora el por­venir sin tener la fuerza suficiente para imponerse; obra de un artista dotado de una fantasía superior a su fuerza realizadora.

E. M. Dufflocq