Esteban el Loco, Sándor Petöfi

[Bolond Istók]. Poema en versos trocaicos libres publi­cado en 1847. El protagonista es un trova­dor que ha tomado el sobrenombre de un popular vagabundo húngaro, Esteban el Loco, que se ha hecho proverbial por sus calaveradas.

El poeta nos lo presenta en medio de una tempestad en la estepa, don­de la lluvia le desposee de todo lo que lleva consigo, pero no logra arrebatarle la filosofía de la vida, basada en la alegría y en el buen humor. Se refugia en una casucha medio derruida y durante la cena, con su optimismo, logra cautivar al propie­tario, un viejo y malhumorado campesino que desconfía de todos. Invitado a quedarse en la casa, Esteban libra lentamente al viejo de su misantropía. Pero llega, por sorpresa la nieta del campesino, huida de su casa porque el padre quiere casarla con un hombre que ella no ama. Esteban se dispone a marchar, pero el viejo, pese a que ha recobrado ya «su rayo de sol», le invita con insistencia a que se quede. Es­teban con su trabajo hace prosperar la pequeña propiedad y se casa, finalmente, con la joven. La atmósfera de la casa, la familia bendecida por los hijos, el cuadro idílico del hogar bullicioso esmaltan el poema, en el que canta el optimismo del poeta.

G. Hankiss

*      La figura popular de Esteban el Loco ha inspirado también un poema de ese tí­tulo en dos cantos de János Arany (1817- 1882), publicados respectivamente en 1850 y 1873. Escrito en octavas, como el Don Juan (v.) de Byron, se resiente de la in­fluencia del poeta inglés no sólo en la for­ma sino en el tono. Él poema, en efecto, es rico en elementos autobiográficos y_ se pre­senta como una serie de desengaños ocu­rridos a un héroe perdido en pos de sue­ños e ideales. El primer canto narra el na­cimiento del protagonista, con un natura­lismo que recuerda El Apóstol (v.) de Petofi, y con un humorismo algo áspero.

En la cabaña de un guarda rural, la mujer de éste, una vieja ciega, muere mientras la hija da a luz un niño ilegítimo. El segundo canto, que es una velada biografía del poe­ta, cuenta las grandes desilusiones del hé­roe en contacto con la realidad. Obligado a ir a la escuela de Debrecen, en el céle­bre colegio calvinista (que frecuentó tam­bién Arany), el joven buscaba lo que los sabios profesores no le enseñaban; la lec­tura, la poesía, la naturaleza, las grandes ideas humanitarias y patrióticas, «una fi­nalidad sin finalidad». Abandona el colegio, intenta todas las artes y, finalmente, se hace cómico de la legua (como el autor), pero la «camarera» Klárcsi (Clarita), inculta y sensual, le induce a huir. Vuelto al pueblo natal es nombrado maestro de escuela y entonces quema sus poesías en una tentativa de convertirse en un simple «burgués» sin problemas. El poema es una típica autobiografía byroniana, de un sar­casmo muy distante de la cantarina alegría de tipo popular que conserva en Petofi sus rasgos originales. Sin embargo la ima­gen puede convenir a un estudiante hol­gazán o a un autor que, siguiendo los meandros byronianos, no sabe todavía, en el comienzo del poema, cómo se llamará el héroe.

G. Hankiss