La Estatura del Hombre, Charles-Ferdinand Ramuz

[Taille de l´homme]. Obra publicada en 1933. Es un libro de consideraciones socia­les sugeridas por la búsqueda de un pen­samiento metafísico que pueda justificar sus postulados.

En sustancia, el autor verifica que el universo se ha despersonalizado y no es más que un monstruoso amontona­miento de cantidad: para el pagano los dio­ses tenían una estatura humana, para el cristiano hay una encarnación divina por la que Dios se hace hombre; pero para el hombre moderno las fuerzas de la natura­leza, no personificadas ya en los dioses, ni justificadas por la existencia de Dios, no son otra cosa que fuerzas puramente mecá­nicas que intenta dominar y dirigir con sólo el poder racional del pensamiento. Ramuz, que es doctrinalmente radical, acu­sa sobre todo a la sociedad burguesa, des­creída y profana, de un ateísmo pasivo; a ésta contrapone la comunista, con su gro­sera brutalidad, abiertamente atea y mate­rialista, pero de un ateísmo activo que nos ofrece, al menos, la evidencia de un en­sayo intentado grandiosamente en un pla­no terrestre, donde Dios no es sólo olvi­dado, sino negado.

Los soviets, en efecto, organizándose contra Él, deducen de esta negación un principio emotivo. Para ellos la sociedad sustituye a Dios, y el hombre no es valorado en cuanto persona,, en el plano de la conciencia, sino solamente como individuo, en el plano de la especie organizada en sociedad y soñando en un progreso continuo. Por esto el autor, —son­deando en esa antifé religiosa, que se re­suelve en una nueva fe si bien materia­lista —, descubre enormes errores de valo­ración humana y groseras contradicciones metafísicas, en cuanto esta sociedad ato­mizada y mecánica pretende ser estricta­mente científica, al aplicar a todos los ór­denes de la vida el procedimiento abstracto del cientifismo materialista fin de siglo, hoy superado por la misma ciencia. El materia­lismo de los soviets, que divinizan la má­quina, instrumento de su orgullo, levanta al hombre contra la naturaleza, negando no sólo la cualidad, determinada por los valores del espíritu, sino la personalidad humana.

Para un católico, dice Ramuz, esto sería satanismo. En suma, la gran cues­tión es saber si el hombre es algo absolu­to o relativo. Solamente entonces podremos hacernos la segunda pregunta: ¿en qué modo el hombre encontrará su propia medida? El libro, aun careciendo del encuadramiento de un desarrollo lógico, procede por intuiciones a veces inspiradas y con una sensibilidad artística que se adentra en la esencia del hecho social, mejor que cualquier especu­lación. El problema será de nuevo estudia­do en otra obra titulada: Necesidad de grandeza [Besoin de grandeur].

V. Lupo

La encarnación de lo espiritual en el arte no ha sido quizás tan total en ningún otro poeta de nuestro tiempo. Haciendo el estu­dio del escritor, Ramuz hace también el análisis de su alma. Y el universo, el des­tino, los misterios más profundos se le re­velan mientras se ejercita en ver cada vez mejor las cosas que le rodean, las peque­ñas cosas terrenales, en reproducirlas sen­cillamente, en llamarlas por sus nombres. (A. Béguin)