Estancias de Malherbe, François de Malherbe

[Stances]. Frente a las Odas (v.), las Estancias conservan su pureza estilística. La cuidada elocución y la tersura del verso confieren dignidad y decoro a las composiciones, más bien frías y amaneradas; pero también en poesías de ocasión y en elogios cortesanos, el autor se expresa con finura y nobleza.

Así, cuan­do dice que el amor proporciona dolores y que no lo es todo en la vida («A una dama de Provenza» [«A une dame de Provence»]), de 1586, o en el elogio de la be­lleza, su preocupación única, o en el en­comio a la bella Catalina, hermana de En­rique IV («Para el duque de Montpensier» («Pour M. le duc de Montpensier»]), de 1591 aproximadamente, y en las varias piezas dedicadas al rey Enrique IV, con motivo de viajes o actos políticos, el poeta, si­guiendo el ejemplo de los clásicos, expone temas de la sociedad contemporánea con una magnificencia augusta y pindárica. La noble preocupación moral y el acento horaciano se unen en las célebres estancias a monsieur Du Périer, por la muerte de su hija.

Malherbe consigue hacer resaltar la gracia completamente clásica de su arte, en estancias dedicadas a ficciones mitoló­gicas y a ensueños de amor bajo una apa­riencia leve y arcádica, también en va­rias composiciones, bajo los nombres de Aícandre y Oranthe canta el amor del mo­narca— Enrique el Grande — y de la prin­cesa de Condé. La finura de estilo de estas composiciones explica el cuidado de Mialherbe en sus varias paráfrasis de los Sal­mos (v.) y en su imitación de las Lágrimas de San Pedro (v.) de Tansillo, dedicada en 1587 a Enrique III.

El hecho de haber incluido estas piezas al lado de la perfec­ción de las Estancias, indica el amor a una finura de expresión que explica su impor­tancia en el gusto y en la disciplina de la lengua. Sin embargo, más allá de una idea­lización de la naturaleza y de la sociedad, Malherbe no debía pasar a la historia del Parnaso más que como un legislador que «por fin» llegó a dar una norma decorosa y segura a la tradición y a la lengua poética de Francia.

C. Cordié

El soneto, la misma canción, tienen en Malherbe garbo y grandeza; no dura ello mucho, es cierto, y la voz baja rápida- mente, pero el tono ya está dado, e infun­de movimiento lírico hasta en sus meno­res partes. (Sainte-Beuve)

Malherbe rechazó toda licencia y debi­lidad… quería un ritmo impecable, una forma rica y perfecta… dio una lección no sólo de trabajo y paciencia, sino también de^ gran arte. Pues si otros fueron poetas más geniales, nadie antes que él entendió mejor que la poesía es un arte, y que nin­guna forma de arte es fruto de la impro­visación. (Lanson)