Estancias a Bernardino Martirano, Luigi Tansillo

[Stanze a Bemardino Martirano]. Poema de 61 estancias compuesto hacia 1540 y publi­cado en 1581.

El poeta imagina a Bernardino Martirano, a la sazón secretario de Carlos V en Nápoles, en su villa de Leucopetra cerca de Pozzuoli. Tansillo alaba al poeta, al mecenas, a la espléndida man­sión. Muy distinta es en cambio su vida llena de dolores en su penosa navegación: tempestades y mareos, tripulaciones des­nudas, sucias y ululantes, y noches infes­tadas de muchedumbres de insectos. Su único alivio es la compañía de don García de Toledo, hijo del virrey de Nápoles, en cuyo séquito él mismo se encuentra. El magnánimo señor le dio hasta un pequeño camarote donde el poeta pudo pasar ho­ras agradables conversando con Goffredo di Gennaro.

El dolor mayor, empero, es la lejanía de su mujer. El poema, que em­pieza como una epístola, se resuelve en un canto lírico en el que se revela la lo­grada madurez artística de Tansillo. El tono quizás es menos colorido que en el Vendimiador (v.), pero la marcha tran­quila se traduce en poética madurez. Ade­más encontramos aquí lo que difícilmente se encuentra en la poesía del siglo XVI: la agilidad al pasar de un tema a otro; descrip­ciones vivaces, o satíricas, entre lo amar­go y lo burlesco, donde el realismo y la agudeza de ciertas alusiones no caen nunca en la afectación, y el canto de amor se levanta alado y sincero con unas venas de fraseología petrarquesca en las últimas octavas.

C. Leij

El placer de la bella naturaleza, el tor­mento por tener que separarse de la mujer que ama a causa de las largas navega­ciones que debe emprender por su oficio militar, las relaciones de afecto con sus protectores; más tarde el amor a su mujer, el dolor por el hijo perdido, las alegrías idílicas de la vida de familia en la quie­tud de su vida, y a la vez las reflexiones y los arrebatos morales de un alma recta y honesta, señalan el círculo de lo que le interesa: como demuestran las Estancias a Martirano, la Clorida, el Poder, la Nodri­za, algunos que otros capítulos suyos y otras tantas composiciones que todavía se siguen leyendo hoy con gusto. Conversa con desenvoltura, expresa con claridad lo que piensa, describe con orden y eviden­cia, representa con calor y con brío las varias impresiones que experimenta. (B. Croce)