Eracles, Gautier d’Arras

Poema francés del siglo XII. Eracles, hijo de un noble romano, tuvo, por gracia divina, el don de distinguir los méritos de las pie­dras preciosas, de los caballos y de las mujeres. A la muerte de su padre, su ma­dre, presa de piadoso fanatismo, hace en­trega de todas sus riquezas y llega a vender a su hijo, su último gran tesoro, retirándose a un convento. Eracles es ad­quirido por el senescal de Focas, empera­dor de Bizancio, que no quiere creer en las cualidades del muchacho. Puesto a prue­ba, Eracles adquiere una piedra prodigiosa que preserva del agua, del fuego y del hierro, luego un potro que vence a los mejores corceles.

Cuando el emperador quiere casarse, le encuentra también una mujer, Atenaida, muchacha buena y her­mosa. Pese a los consejos de Eracles, el celoso emperador, antes de marchar a la guerra, encierra a su mujer en una torre donde ella, herida en su dignidad, se ven­ga. Una pasión fatal se enciende entre la esposa y Paris. El emperador, advertido, con gesto generoso la libra de su matri­monio y la une a Paris. Bruscamente, la segunda parte de la novela trata un tema completamente distinto. El sagrado leño de la cruz había sido, por orden de Elena, madre de Constantino, dividido en dos porciones: una fue confiada a Constantino, la otra, encerrada en el Santo Sepulcro. En esta segunda parte de la novela se invoca la ayuda de Eracles contra Cosroes que ataca y saquea Jerusalén, roba la santa reliquia y mata al emperador Focas, a quien sucede el mismo Eracles.

Éste acu­de, vence y mata a Cosroes y lleva a Je­rusalén la Santa Cruz. Mientras la primera parte trata un tema que parece tener orí­genes orientales, la segunda posee en cam­bio un fondo histórico: las guerras de Eracles contra Cosroes, rey de los persas; pero la leyenda transfigura completamente personajes y hechos. Hay hermosas des­cripciones de la vida familiar y popular, pero en general su lectura resulta difícil y dura. Existe una traducción alemana, Eraclius, escrita entre 1205 y 1210 por Otto (¿de Folising?). El autor alemán, a dife­rencia del francés, acentúa el carácter re­ligioso de la leyenda y pone en primer plano la cruzada de Tierra Santa y la recu­peración de la Cruz.

C. Cremonesi