Epistolas de Pindemonte

Significativo documento de las diversas actividades de Ippolito Pindemonte (1753-1828) son las Epístolas en verso, publicadas primeramen­te en 1800 y luego en 1809 con algunas adiciones. En el prólogo declara el autor que se ha dirigido a ciertos amigos y personajes desaparecidos con el fin de explayar su espíritu: y, a pesar del carácter precario de un testimonio ocasional, estas composiciones muestran la sinceridad de su cora­zón.

Son cartas poéticas inspiradas en la sencillez de la vida y en la condena de las inútiles guerras fratricidas (como las que por entonces, después de la Revolución Francesa, el torbellino napoleónico mante­nía en Europa); el autor toma como punto de partida uno u otro motivo para expresar su ideal de nobleza campestre y de reposo, entregado a dulces estudios. Entre las más famosas, por sus destinatarios o por su mayor consistencia poética, son las dirigi­das a Isabel Albrizzi (dedicada a la exal­tación de la paz, único medio de favorecer la honradez y la conciencia del propio tra­bajo), a Giacomo Vittorelli (que expresa el vivo pesar por la destrucción de una quinta, que tan grata le era en la paz de la naturaleza), a Aurelio Bertola (que des­cribe las bellezas ofrecidas como herencia a los buenos corazones, lamentándose de una edad nueva que desprecia todo noble senti­miento).

Otras epístolas van dedicadas a Paolina Grismondi, más conocida bajo el arcádico nombre de Lesbia Cidonia, cantada por Parini y Mascheroni (en ella se elogia la sabiduría y los doctos estudios, e in­siste en el dolor por tanta violencia des­encadenada en el mundo a causa de la guerra), a Scipione Maffei (festejando la poesía, que eleva los espíritus y los libera de los egoísmos mundanos), a Girolamo Fracastoro que, evocado del reino de las sombras, debe ser un estímulo para el aus­tero estudio de la verdad, aun a costa de sacrificios y desengaños; a Angelo Mazza, sobre la toma de hábito de una muchacha, incitándola a considerar la grandeza de su ofrenda a Dios.

Un hermoso homenaje es el simbolizado en las epístolas a Apolo, Ho­mero y Virgilio; la poesía, selecta inspira­dora de la vida, debe hacer sentir la vani­dad de las cosas mundanas. Esta colección es importante porque muestra algunas ca­racterísticas de la poesía de Pindemonte: su horaciano moralismo, el amor por una tranquilidad inspirada en las tendencias «ilustradas» y la languidez arcádica man­tenida por una vigilante conciencia de ad­mirador de los antiguos y de probo amante de los afectos humanos.

C. Cordié