Epístolas de Pier de la Vigna

[Epistotae]. Importantes para el estudio de la época de Federico II y, en particular, para el mejor conocimiento de la vida de Pier de la Vigna 1190-1249) son los Seis libros de cartas, que contienen las gestas del pro­pio emperador y muchos otros hechos rela­tivos a la historia y a la jurisprudencia [Epistolarum quibus res gestae eiusdem imper atoris aliaque multa ad historiam ac jurisprudentiam continentur libri VI].

Ya conocidas en publicaciones parciales, fue­ron publicadas en una nueva edición orgá­nica por John Rudolphus Iselius en Basi­lea en 1740 y después en París, en 1864, por A. Huillard. La colección nos muestra la compleja actividad del ministro de Fede­rico II en todos sus cargos cortesanos y es un documento que acredita cuán vastas fue­ron las reformas del emperador güelfo y la importancia de su administración. Las cartas de Pier de la Vigna demuestran cuán firme era, incluso en los conflictos con la Iglesia, la concepción que el emperador tenia de la monarquía. Entre las 39 cartas del libro I, son las más notables aquellas en que Federico II protesta contra el papa Ino­cencia IV y los cardenales que lo depusie­ron (I), informa de ello al rey francés (III), o estalla en invectivas contra los romanos porque no estuvieron de su parte en nom­bre de la idea imperial (VII). Interesantes son las cartas que tratan del arresto de los cardenales que iban al concilio (VIII y XIII). Entre las 50 del libro II, tienen gran valor histórico las dirigidas contra los milaneses rebeldes (I)„ sobre la captura de Carroccio (III), y algunas otras dirigidas a Ezzelino da Romano sobre la rendición de Faenza, al papa y a los cardenales por la victoria contra los milaneses.

En el li­bro III tienen interés preponderante las cartas en que el ministro se defiende de las acusaciones malévolas que debían termi­nar conduciéndole a la prisión y por fin al suicidio por honor de su nombre, y otras en las que afirma la gloria del emperador. En el libro IV son de notar por su calor íntimo las cartas consoladoras, en particu­lar por la muerte de la emperatriz y por la de Enrique, príncipe imperial, hijo de Fe­derico II. El libro V contiene varios trata­dos jurídicos sobre homicidas, traidores, devastadores de mieses, etc. En fin, el li­bro VI recoge privilegios y concesiones hechas en nombre del emperador. Las Epís­tolas muestran la maravillosa actividad del jurista y del ministro, que también fue no­table como poeta en lengua vulgar, en la corte de Palermo y que compiló en 1231, en Amalfi, un célebre códice.

C. Cordié