Enrique IV, William Shakespeare

[Henry IV]. Drama histórico en dos partes, en verso y prosa, cada una de cinco actos representadas en 1597-98 y publicadas respectivamente en 1598 y 1600. El drama se basa sobre la Crónica de Holinshed y, para las partes cómicas, Oldcastle y Falstaff (v.), en un drama pre­existente, Las famosas victorias de Enri­que V [The Famous Victories of Henry the Fifth].

El argumento de la primera parte es la rebelión de los Percy, ayudados por Douglas, con el concurso de Mortimer y de Glendower, y su derrota por obra del rey y del príncipe de Gales en Shrewsbury (1403). El príncipe de Gales se asocia con Oldcastle (luego sustituido con el nombre de Falstaff) y sus compañeros Pointz, Bardolp y Peto, en su vida desenfrenada. Pointz: y el príncipe hacen que los demás asalten: a algunos viajeros en Gadshill y les roben, y sean a su vez robados por ellos. Fals­taff, para justificar la pérdida del botín„ pretende haber sido asaltado por cien picaros, luego va reduciendo paulatinamente el número de los agresores, hasta que el príncipe le explica cómo han ido las cosas y entonces Falstaff confiesa que no ha reac­cionado porque ¿cómo hubiese podido nun­ca matar al heredero del trono, dirigirse contra su príncipe? La parte seria del drama está formada por el contraste entre los dos jóvenes héroes, el príncipe Enrique y Percy Hotspur.

Enrique está adornado de las cua­lidades más seductoras: sus más locas ex­travagancias parecen sólo rasgos maliciosos en los que estalla su espíritu activo, a su pesar obligado al ocio, hasta que, apenas se ofrece ocasión, despliega toda su fiereza caballeresca. El valor de Hotspur es en cambio una mezcla de rudeza, de orgullo y de obstinación pueril; pero su impetuoso ardor redime sus defectos, hasta que cae en la batalla de Shrewsbury. Falstaff, ver­dadero «miles gloriosus», encuentra su cuer­po en el campo y se jacta de haberle matado. La segunda parte tiene por argu­mento la rebelión del arzobispo Scroop, de Mowbray y de Hastings, mientras en la tra­ma cómica continúan las gestas de Fals­taff, con las del príncipe, del fanfarrón Pistol, de Pointz, de la señora Quickly, de Dolí Tearsheet (o Rompesábanas, como traduciríamos en castellano).

Falstaff, lla­mado para reprimir la rebelión, durante la recluta cae sobre los jueces Shallow y Silence, se fija en ellos, y roba mil libras al primero. (En la caricatura de Shallow se ha querido advertir una alu­sión a sir Thomas Lucy con quien Sha­kespeare había tenido que ver por haber robado cuando joven un gamo en sus tie­rras, y según otros una alusión al juez Gardiner.) A la muerte de Enrique IV, Fals­taff piensa que la ascensión del príncipe al trono constituirá su fortuna; pero el nuevo rey lo arroja de su presencia y lo mete en la cárcel. Mientras la trama heroica del drama languidece después de la muerte de Hotspur, la trama cómica (gesta de Falstaff y sus compañeros hasta la catástrofe y el repudio, por parte de Enrique V, de los compañeros de sus fechorías juveniles) man­tiene vivo su interés de un extremo a otro, y constituye la obra maestra cómica de Shakespeare, bastante superior a la farsa de las Alegres comadres (v.) por el brío de los hallazgos y el gusto rabelesiano de las frases grotescas. [Trad. en verso de Guiller­mo Macpherson, en Obras escogidas, volu­men VIII (Madrid, 1925), y de Luis Astrana Marín, en Obras completas (Madrid, 1933). M. Praz

*     Compuso una cantata Enrique IV, Peter von Winter (1786-1826); Cari Maria von Weber (1786-1826) escribió la música de escena para el Enrique IV de Gehe.

Shakespeare es incomprensible. (Dryden)

La poesía de Shakespeare es la más ins­pirada que nunca ha habido; no es tanto un imitador cuanto un instrumento de la naturaleza, y en lugar de decir que habla por ella se puede decir que ella habla a través de él. (Pope)

Ignorante y vulgar. (Jonson)

Shakespeare carece de talento trágico y de talento cómico. (Duncan Forbes)

Quien quiera escribir poesía debe leer a Shakespeare. ¡Cómo ha conocido todos los sentimientos! (Manzoni)

La alegría de Shakespeare es la alegría pura de la creación… ¿Qué importa si la cosa creada es melancólica o trágica? El creador es feliz. Canta. Su canción nos transporta y cantamos con él. (E. D’Ors)