Elegías de Propercio

[Elegiarum libri]. De los cuatro libros compuestos por Pro­percio (47?-14 a. de C.), el primero fue pu­blicado en el año 28; el segundo entre el 28 y el 25; el tercero entre el 25 y el 22; el cuarto en los años siguientes, hasta el 15 ó 14. En los dos primeros predomina Cintia, la mujer amada; en el tercero el amor cede el sitio a la glorificación de persona­lidades romanas. En el cuarto la tendencia encomiástica y política se precisa e inten­sifica al tratar las antiguas leyendas de Roma; el dios Vertumno, la leyenda de Tarpeya, de Hércules y Caco, de Júpiter Feretrio y la victoria de Augusto. Aunque sea fácil rastrear en estas composiciones el in­flujo de Virgilio y Calimaco, Propercio es un poeta original, que sabe dar a la mito­logía valor de arte, más que de autografía y crónica transfiguradas en mito.

Noble de origen provinciano, llegado a Roma muy joven, Propercio llevó una vida de estu­dio y de sociedad, benévolamente acogido, aunque no excesivamente bien visto, en el círculo de Mecenas. Después de un primer y fugaz amor por Licinna, la gran pasión de su vida fue Cintia (esto es, Hostia), bella, culta, poetisa y rica, de distingui­da familia. Este amor, que duró cinco años sin interrupción, con sus altercados, re­conciliaciones, mutuos celos, infidelidades y embriagueces, forma, a través de los cua­tro libros, una especie de novela en esce­nas episódicas descritas por el poeta sin ninguna unidad preconcebida. A medida que fueron pasando los años, el amor por Cintia se debilitó; y el relato poético pier­de viveza dramática, al paso que los aná­lisis psicológicos y las reflexiones se hacen más profundos. Espontáneamente o por fuerza, el poeta cede cada vez más a la inspiración de otros temas, y se vuelve a la musa épica que es la verdadera enemiga de Cintia.

Las «Elegías romanas» prenuncian los Fastos (v.) de Ovidio e imitan al ale­jandrino Calimaco, el cual en sus Causas (v.) había dado la explicación histórica y etiológlca de ciertos cultos y solemnidades. Después de la muerte de Cintia, enterra­da en su villa de Tívoli, la piedad reaviva en el poeta la antigua llama. Cintia se le aparece en sueños y suscita en el ingrato amante un nostálgico sentimiento de amar­gura. El docto bagaje mitológico y las re­buscadas dificultades de expresión son las características más salientes del estilo de Propercio. Gran poeta, Propercio posee como artista un gran calor y una férvida potencia imaginativa, ya para describir las varias situaciones, ya para penetrar en la intimidad del alma humana. Su lenguaje es denso de pensamientos y de imágenes, siempre rebuscadas; la construcción métrica por la disposición de las palabras y por la adecuación del pensamiento al pentámetro combinado con el hexámetro, da al arte de Propercio un carácter de dignidad y de me­ditación exquisita. El poeta infunde a la elegía erótica, amable pero falta de sim­plicidad, el garbo jocundo y algo irónico del hombre de mundo que gusta y sabe que gusta a sus iguales.

F. Della Corte

Tiene novedad de expresión, fantasía ver­daderamente lírica y es tan apto para las cosas grandes como para los amores. (Gravina)