Elegías de Parny

[Élégies]. En la obra poética del escritor francés Evariste-Désiré Deforge de Parny (1753-1814), nacido en la Isla Borbón (después, de la Reunión), las Elegías han sido injustamente olvidadas ante la vulgaridad satírica y revolucionaria de la Guerra de los dioses (v.). Publicadas antes de 1778 con el título de Poesías eró­ticas [Poésies érotiques], que disgustaban a Sainte-Beuve porque no estaban de acuerdo con la delicadeza de la composición, estas poesías líricas son un finísimo homenaje a la gracia femenina. Una bella criolla, Leo­nor, de la que se enamoró en un viaje a la isla materna, debía sugerir al poeta una ins­piración de idílica frescura.

Divididas en cuatro libros, las elegías reflejan situaciones y movimientos de ánimo en una tenue varia­ción de motivos. Más que pasión, la poesía de Parny es un eco de suspiros de amor, y se ofrece como ideal de la juventud del reino de Luis XVI. Entre las composiciones más elegantes y cinceladas en una serie de estampas puramente setecentistas, son famo­sas «En fin, mi querida Leonor» [«Enfin, ma chére Éléonore»], «La hora del pastor» [«L’heure du berger»], «El mañana» [«Le lendemain»], en las cuales se expresa una mórbida galantería con una dulce efusión del corazón. Distintos por su modulación y su finura son algunos madrigales, que ex­presan la espera de amor en románticos billetes, llenos de deseo y languidez. Una búsqueda más amplia de motivos se halla en la exigencia arcádica de una paz inte­rior, lejos de luchas y de tormentos, y también en la embriaguez de un amor pa­gano, tanto en el fingido «Fragmento de Alceo» [«Fragment d’Alcée»], voluptuoso y dulce, como en el «Plan de estudios» [«Plan d’études»] y en el «Proyecto de soledad» [«Projet de solitude»].

Una gran vivacidad psicológica, que revive una novela de amor en sus motivos más puros, se halla sobre todo en el segundo libro con «El enfria­miento» [«Le refroidissement»] y «Por la noche» [«Á la nuit»], lleno de tristeza por la felicidad perdida, y en la invitación «A mis amigos» [«Á mes amis»], que exalta la irreflexión, el vino y las diversiones. Pero el recuerdo de la amada vuelve con insis­tencia en el tercer libro «Los juramentos» [«Les sermen ts») y «Reflexión amorosa» [«Reflexión amoureuse»), (en el cual el poe­ta sueña con volver a tener a Leonor en sus brazos, como en otro tiempo), hasta que en la última parte del libro la paz vuelve a su espíritu en una calma llena de nostalgia del pasado, gracias a un amor impregnado de tenue_ amistad, sin tormentos y sin do­lores. Débiles de inspiración, estas poesías líricas son un trabajo más tíe cincel que de pasión, pero con todo revelan el estudio de los clásicos, con una gracia y una pe­netración espiritual que anuncian la nueva poesía, y especialmente a Lamartine.

C. Cordié