El Tragaluz, Antonio Buero Vallejo

En un hipotético futuro, dos investigadores —Él y Ella— proponen al espectador un experimento nuevo; volver a una época pasada (la segunda mitad del sig. XX) encarnada en unas figuras singulares que viven un con­flicto particular. El drama al que asistimos está centrado en una familia estructurada dramáticamente como un triángulo de fuerzas.

El vértice lo ocupa la figura del Pa­dre y las fuerzas en oposición, los dos hijos, Mario y Vi­cente. El padre está loco y no reconoce a ninguno de los miembros de su familia, preguntando insistentemente: ¿quién es éste? La familia vive en un semisótano, margi­nada del mundo surgido de una guerra civil de la que son sus víctimas. La comunicación con el mundo exterior se realiza a través de un tragaluz que proyecta en la casa las sombras de los transeúntes. Mario no ha querido formar parte del mundo de los vencedores de la guerra civil, Vi­cente, por el contrario, representa el mundo de los triun­fadores.

El origen de la locura del Padre está en relación con el origen mismo de la división entre sus hijos: Vicen­te se salvó pero ese acto de salvación individual causó la muerte de una víctima inocente, Elvirita, la hermana pe­queña. Esa víctima inocente vuelve a vivir y a ser sacri­ficada en el drama, encarnada en la figura de Encarna, amante de Vicente y novia de Mario, quien es utilizada por ambos aunque descubre en ella la condición de víc­tima al identificarla con su hija Elvirita.