En un hipotético futuro, dos investigadores —Él y Ella— proponen al espectador un experimento nuevo; volver a una época pasada (la segunda mitad del sig. XX) encarnada en unas figuras singulares que viven un conflicto particular. El drama al que asistimos está centrado en una familia estructurada dramáticamente como un triángulo de fuerzas.
El vértice lo ocupa la figura del Padre y las fuerzas en oposición, los dos hijos, Mario y Vicente. El padre está loco y no reconoce a ninguno de los miembros de su familia, preguntando insistentemente: ¿quién es éste? La familia vive en un semisótano, marginada del mundo surgido de una guerra civil de la que son sus víctimas. La comunicación con el mundo exterior se realiza a través de un tragaluz que proyecta en la casa las sombras de los transeúntes. Mario no ha querido formar parte del mundo de los vencedores de la guerra civil, Vicente, por el contrario, representa el mundo de los triunfadores.
El origen de la locura del Padre está en relación con el origen mismo de la división entre sus hijos: Vicente se salvó pero ese acto de salvación individual causó la muerte de una víctima inocente, Elvirita, la hermana pequeña. Esa víctima inocente vuelve a vivir y a ser sacrificada en el drama, encarnada en la figura de Encarna, amante de Vicente y novia de Mario, quien es utilizada por ambos aunque descubre en ella la condición de víctima al identificarla con su hija Elvirita.

