El Sentido de la Vida, Édouard Rod

[Le sens de la vie]. Novela del escritor suizo Édouard Rod (1857-1910), publicada en 1889. Es un diario íntimo que refleja las sucesivas acti­tudes del protagonista ante los grandes problemas morales que la vida le plantea: el matrimonio, la paternidad, el amor al prójimo, la religión. Parisiense, hecho a la vida falsa y febril de la gran ciudad, can­sado de su soledad de soltero, pero sin fe ninguna en poder llegar a ser un buen marido, emprende la vida conyugal con un escepticismo que no está libre de re­mordimientos, pero poco a poco advierte que la gentileza y la bondad de su com­pañera hacen de él otro hombre.

El primer anuncio de la paternidad lo turba y lo sobresalta como final de la dulce inti­midad conquistada. Después, día tras día, se reconcilia con la realidad y acaba por adorar a su niña, y junto a la cabecera en que ella ha sido disputada victoriosamente a la muerte, bendice la vida, compren­diendo todo su valor, aun entre las an­gustias y los desengaños. En tanto, por medio de este análisis, siempre agudo y eficaz, de sí mismo y del mundo que lo rodea, siente agrandarse en su conciencia el problema del prójimo y de sus deberes para con él. Su tenaz espíritu de indivi­dualista lo hace inepto para la vida po­lítica con sus concesiones y sus promis­cuidades. Pero los sufrimientos del pueblo, el odio de clases, la pesadilla de aquella guerra de destrucción a la que la huma­nidad está proporcionando armas con todas sus fuerzas, y la falta de una fe indispen­sable para todo cometido de apostolado y de caridad le llenan de angustia incurable. Lenta, dolorosamente, trabaja para des­truir su incredulidad, y el libro se cierra con una oración a Dios, que es todavía la oración de un ateo, pero de un ateo que quiere creer y que lucha con todas sus fuerzas contra el espíritu de la negación.

Esta obra en que la parte de fantasía es mínima, hasta el punto de que el mismo título de la novela puede parecer impropio, por el vivo y profundo sentido de los pro­blemas morales que la domina, responde en parte a la genuina tradición de la Suiza protestante, y en parte a la oleada huma­nitaria con que inundaron Europa las no­velas de Tolstoi y Dostoievski; y su serie­dad y sinceridad hacen de ella un inte­resante documento para la historia de la conciencia contemporánea.

E. C. Valla