[Gospodin iz San Francisco]. Novela del escritor ruso Ivan Alexéévitch Bunin (n. en 1870), aparecida en 1915, y considerada como la obra maestra de este escritor. Esta obra tiene un cierto parentesco con La muerte de Ivan Il´ic (v.) de Tolstoi. En efecto, la idea, capital no es otra que ésta: la vanidad de la civilización y la importancia de la muerte como única realidad «existencial».
Este Señor de San Francisco, el héroe de la novela, permanece, para nosotros, anónimo; es uno de esos ricos americanos que, después de una vida entera de encarnizada labor, se concede unas vacaciones al filo de los cincuenta. En compañía de su hija y de su esposa, arde en el deseo de ver esta vieja Europa de la que tanto ha oído hablar, sus milenarias obras de arte y la sociedad cosmopolita de sus grandes ciudades. Querría incluso casar a su hija con algún noble. El contraste entre la vanidad y el egoísmo tiránico de este «magnate de la industria», proponiéndose adquirir la felicidad, para sí mismo y para los suyos, a fuerza de millones, y el trabajo agotador de los negros que sufren en la bodega del barco para permitirle llegar al país que él ha escogido para ser feliz, constituye el tema central de este relato. La descripción del lujo que reina en la nave es tan perfecta como aquella que nos presenta a los hombres que sufren y sudan ante las abiertas calderas.
Los sueños de felicidad que el nabab americano espera ver realizarse son el amor de las jóvenes napolitanas, las alegrías del Carnaval de Niza, la frecuentación en Montecarlo de esa sociedad cosmopolita «de la que depende toda la civilización», del corte de los smokings a la estabilidad de los tronos y a las cuestiones de la guerra y de la paz. Todos estos sueños están pintados de modo realista y el lector, preparado para ver al héroe gozar de todos los placeres de la vida, recibe un verdadero choque al final del libro. Estos sueños de felicidad no se realizarán jamás; todo ello no era más que un espejismo, pues sólo una realidad subsiste: la muerte. En efecto, el «Señor de San Francisco» muere de un ataque de apoplejía en el salón de lectura de un palacio, inmediatamente después de su desembarco en las costas europeas. La objetividad de este relato queda reforzada por el anonimato del héroe: el lector no sabe, en efecto, ni el nombre del «Señor de San Francisco». Todos los personajes están tratados con mano maestra; todo el arte de Bunin reside en la desnudez del relato.

