El Salón de la Condesa Maffei, Raffaello Barbiera

[Il salotto della contessa Maffei]. Obra del autor italiano Raffaello Barbiera (1851-1934), publicada en 1895. Clara Maffei, que por su nacimiento era condesa de Carrara-Spinelli y casó con el poeta Andrea Maffei, fue una mujer de fina inteligencia y de raras dotes de carácter, que mantuvo en Milán, duran­te casi medio siglo, aquel salón que fue el más famoso de toda Italia: patriotas, lite­ratos y artistas italianos, así como ilustres extranjeros se reunían allí.

El año de su «fundación» fue 1834; los primeros anima­dores fueron Tomasso Grossi y Massimo d’Azeglio. Hasta el año 1846 (año de la separación de los dos cónyuges), el salón Maffei mantuvo un carácter predominante­mente literario y artístico: allí pudieron coincidir Hayez, Balzac y Liszt con la con­desa D’Agoult, Giuseppe Giusti y muchos músicos, entre los que figuraban Rossini, Verdi y Carcano, estos dos últimos unidos por una devota amistad. Hacia 1844 se ini­cia la tierna amistad con Cario Tenca, el noble patriota y publicista lombardo, y pre­cisamente bajo la influencia de este último adquiere el salón una orientación política y patriótica más decidida; en vísperas de las «Cinco Jornadas», alentados por Giardino, se piensa tan sólo en la patria y en la liber­tad; de igual modo, en los años siguientes, en aquel «decenio de preparación», la casa de Clara Maffei constituye un centro ani­mador y vivo en el que se discute, se es­pera, se sufre, se apoyan las conspiraciones, hasta el punto de que dos de sus amigos, Lazzati y Finzi, complicados en los procesos de Mantovano, son condenados a largos años de prisión.

Frecuentadores ilustres de la condesa durante este período son: Cesare Correnti, los Dándolo, Emilio y Giovanni Visconti-Venosta; a través de este salón, Camillo Cavour cuida del Piamonte y ejer­ce su influencia sobre los patriotas y pen­sadores lombardos, atrayéndolos a su ór­bita. Después de la liberación de la Lombardía, el salón de la condesa vuelve a ser más agradable y diverso; una vez más se suceden los literatos, poetas, músicos y per­sonalidades futuras (Aleardi, Paolo Mantegazza, Emilio Praga, Boito) y otros jóvenes escritores como Verga, así como algunos extranjeros, entre ellos Coppge. La condesa se mantiene también estrechamente ligada a Manzoni, a quien ella visita con frecuen­cia y al que dedica un culto reverente. Pero en los últimos años el salón languidece; dolorosas pérdidas de amigos y amigas llenan de tristeza el corazón de Clara Maffei; Car-lo Tenca enferma y la condesa le asiste amorosamente; muere Andrea Maffei (con el cual se había reconciliado Chiarina desde 1869, aunque mantienen tan sólo una amis­tad fraternal), y, finalmente, en los pri­meros días de julio de 1886, también ella muere.

Este amplio panorama de una vida noblemente mundana, intelectual y patrió­tica es evocado por Barbiera, haciéndolo girar en torno a la sugestiva figura de la gentil dama, abierta a todo sentimiento no­ble, caritativa y afectuosa, despreocupada de los juicios ajenos ante la seguridad de su propia conciencia, capaz de ejercer su gentil misión sin alardear nunca de ello, y siem­pre más dispuesta a escuchar que a hacerse oír. La misma forma, clara y vivaz, a la vez que simple y llana, exenta de rebus­camientos y de concesiones, procuró al li­bro de Barbiera una fama extraordinaria.

M. Zini