Salmos Penitenciales de David, Orlando de Lassus

[Psalmi Davidis poenitentiales]. Colección de siete composiciones vocales polifónicas del gran músico flamenco Orlando de Lassus o Roland de Lattre (1530/32-1594). Que la obra fuese compuesta por encargo del rey Carlos IX de Francia, deseoso de libe­rar su alma del triste recuerdo de la noche de San Bartolomé, es una vieja leyenda insostenible, ya que los Salmos penitencia­les están incluidos en un códice miniado compuesto entre 1565 y 1570, mientras aque­lla histórica noche ocurrió en 1572.

Más atendible es el testimonio de un bien in­formado amigo de Orland, Van Quickelberg, quien en el prefacio al susodicho códice afirma que el encargo de componer los Salmos le fue dado a Orlando por el duque Alberto V de Baviera, en cuya corte residía aquél desde 1556. Y como los Salmos se encuentran en la primera parte del códice, la fecha de composición debe hacerse re­montar por lo menos a 1565. Fueron publi­cados por primera vez en Munich en 1584, reimpresos en 1838 al cuidado de Siegfried Dehn y en 1906 al cuidado de Hermann Bauerle (Leipzig). Es ésta una de las obras más famosas de Orlando de Lassus, a me­nudo parangonada por su importancia con los Improperios (v.) de Palestrina. Los tex­tos bíblicos en latín de los siete Salmos son los siguientes: «Domine ne in furore» (Salmo VI), «Beati quorum remissae sunt iniquitates» (Salmo XXXI), «Domine ne in furore» (Salmo XXXVII), «Miserere mei Deus» (Salmo L), «Domine exaudí orationem meam» (Salmo CI), «De profundis clamavi» (Salmo CXXIX), «Domine exaudí orationem meam» (Salmo CXLII). Corres­pondiendo a la estructura de los textos, formados por varios versículos, también la música de cada salmo está dividida en frag­mentos separados — en que el número de las voces varía de seis a dos — pero siem­pre ligados unos con otros por una íntima unidad de inspiración. Algunos de ellos, es­pecialmente los a dos voces, ofrecen apa­rentemente una sencillez elemental, pero en ellos se ve siempre una gran pericia en la técnica polifónica.

La expresión de estos Salmos es de intensa religiosidad; alienta en ellos un profundo sentido de penitencia, pero, como observa el historiador Ambros, no abrumador, sino siempre acompañado del sentimiento del consuelo y de la ele­vación. Es admirable el modo como, en ar­monía con los diversos tonos de la inspi­ración, Orlando de Lassus sabe graduar la sonoridad de conjunto, alternando las agru­paciones vocales ya en cuanto al número, ya en cuanto al registro de las voces. Son verdaderas joyas los trozos episódicos a dos voces, en que la plenitud de sonoridad es conseguida con la máxima sencillez de me­dios, y en que las dos voces avanzan en estilo polifónico riguroso y espontáneo a la vez; por ejemplo, el genialísimo dúo «Intellectum tibi dabo» en el Salmo «Beati quorum». El «Discedite a me omnes» en el primero de los dos «Domine ne in furore», es, entre otras cosas, un ejemplo caracterís­tico de imitación por movimiento contra­rio, esto es, con los intervalos invertidos (pero con cierta libertad). En general es vivo en los Salmos penitenciales el sentido de los modos antiguos, lo cual ha inducido a Algunos a buscar en uno o en otro la conformidad con las leyes del «modo lidio», «misolidio», o «hipomisolidio», etc.: cues­tiones evidentemente ociosas y extrañas al substancial valor de la obra.

F Fano