[Das Gemeindekind]. Novela de Marie von Ebner-Eschenbach (1830-1916), publicada en 1887. Hijo de un padre ladrón y asesino y de una madre que, para no agravar la situación del marido, se deja condenar a diez años de cárcel, descuidado por el Municipio i que ha asumido su tutela, insultado, a menudo falto de pan y de techo, el pequeño Pavel, desamparado, parece destinado a un inexorable naufragio.
Pero posee una divina llama de inteligencia y bondad, y un buen hombre, el maestro de escuela, le toma de la mano, le guía y le encamina. Pavel arroja de sí el mal que iba apoderándose de, él, y con una voluntad férrea e invencible se encamina por la senda de la honradez y del trabajo. A los veinte años, después de haber logrado el respeto de sus coterráneos, puede echar en cara su maldad a aquellos que le atormentaron durante su niñez. En la casa que se ha construido piedra por piedra, y en la que no se dignó entrar para endulzarle la vida la muchacha que él amaba tiernamente, recoge a su desventurada y santa madre, junto a la cual su existencia ya no será solitaria. Reaparecen en esta novela las mejores dotes de la escritora austríaca (v. Historias del castillo y de la aldea): fuerza incisiva en la representación de personas y ambientes, breves y felices rasgos de ingenuo humorismo, sentido de la vida social, profundo conocimiento de la vida de los pueblos rurales y campesinos.
Desde el punto de vista artístico, la novela está dentro de la gran tradición alemana del siglo XIX, de un «realismo poético absorbido por completo en la observación de los espíritus», extraño y contrario al naturalismo. En efecto, Castle hizo notar ya en su Historia de la literatura austríaca que El pupilo del Municipio no tiene nada de una novela de ambiente a la manera de Zola; contra la fuerza coercitiva y opresora del medio, opone victoriosamente la fuerza de la personalidad. Más bien supone un retorno al «Bildungsroman»: la «novela del desarrollo, y del arrepentimiento, y de la formación de un carácter», que desde el Wilhelm Meister en adelante ha dominado, de varias maneras, durante todo el siglo, la tradición narrativa alemana; sólo se advierte aquí una novedad de matices — más blandos, más delicados — debidos a la naturaleza de la autora, que era dama noble.
B. Allason

