El Privado del Virrey, Ignacio Rodríguez Galván

Drama en verso y en cinco jornadas, del escritor mexicano Ignacio Rodríguez Galván (1816- 1842). El privado del virrey, marqués de Cadereyta, es don Juan Manuel de Solórzano, casado con doña Mariana Laguna, mujer de espléndida belleza, nacida en Zacatecas de padre español.

Doña Mariana ha encendido culpable pasión, no corres­pondida, en el pecho del alcalde de la ciu­dad de México, don Francisco Vélez de Pereira. De éste es — en apariencia — amigo y confidente don Bermudo de Sayavedra. Otros personajes de la pieza, aparte les criados de Pereira, llamados Pulgar y Es­pinel, son don Lope Gil de Boscán, sobrino del privado, y Garcerán Tezozomoc, indio noble, nieto de Guatimoc, que vive despre­ciado, rencoroso y en la pobreza. Boscán, que ama a doña Mariana y es amado por ésta, se desafía con Pereira. Entretanto, don Juan Manuel sospecha sin fundamento de la fidelidad de su esposa, y Garcerán, encar­gado por el alcalde de dar muerte al pri­vado, fracasa en su intento. Boscán perece a manos de Pereira, y al acudir don Juan Manuel, oye cómo su esposa se lamenta de la muerte de su amado sobre el cadáver de éste, y la cree culpable.

Advertida la ronda, detienen al privado, a quien se llevan preso acusado por Pereira de haber asesinado a su sobrino. Transcurre el tiempo, y el ver­dadero matador de Boscán logra triunfar de la virtud de Mariana con promesa de que pondrá libre a su marido. Toma entre tanto cuerpo la conseja de que don Juan Manuel, desde hacía tiempo, y saliendo ahora de su prisión cada noche a las once, con la complicidad del carcelero, da muerte a cuantos se tropiezan con él. El indio Gar­cerán quiere liberar a don Juan; soborna al carcelero y acude a la cárcel con Ma­riana; pero el preso la rechaza indignado, y se niega a escuchar a la adúltera; sobre­vienen entonces Sayavedra — nombrado al­calde al morir Pereira en duelo con don Juan Manuel — y su gente, y don Juan marcha a la horca, después de perdonar a su esposa. El privado del virrey, de asunto colonial como La capilla (boceto dramático) y Muñoz, visitador de México (v.), es la mejor de las obras que Rodríguez Galván escribió para el teatro.

Como se ha dicho acertadamente, es loable «el empeño nacio­nalista» que le hizo llevar a la escena asun­tos exclusivamente mexicanos, pero todo es allí delirante, y, a fuerza de acumular tintas negras, el dramaturgo .consigue efecto con­trario al de conmover. Menéndez Pelayo califica las obras citadas de «tremebundos melodramas».

A. Millares Carlo