El Perro de Diógenes, Francesco Fulvio Frugoni

[II cane di Diogene]. Obra polémica de Francesco Fulvio Frugoni (1620-1686 aprox.), publicada después de su muerte en Venecia en 1689.

Sutilmente conceptista en los propósitos y en las actitudes, el autor, como el «perro de Diógenes», va a la «caza general de todos los vicios», valiéndose, con la circunspección necesaria, «de la cínica libertad, propia de aquel filósofo, que más aún por vanaglo­ria que por costumbre se llamaba a sí mis­mo Mordedor de los Tristes y Lamedor de los Justos». Bajo tal símbolo, unida la filo­sofía de Diógenes a la ley de Cristo, Fru­goni (fraile mínimo de San Francisco de Paula, que «aguzaba» su ingenio mezclando desordenadamente lo sacro y lo profano en obras extrañas y peregrinas) quiere corre­gir los errores más graves de la humanidad. En realidad lo que desea es reírse de ellos. Con el auxilio de vastas lecturas que le habían alejado de los esquemas de la cien­cia común, el escritor desprecia, por boca del perro, en doce narraciones, toda la cul­tura.

Pocos autores se libran de sus dente­lladas: los filósofos no hacen sino rumiar los pensamientos ajenos y darlos como pro­pios; los poetas depredan las imágenes utili­zadas por sus antecesores y las cubren con el manto de la imitación; los hombres de ciencia llenan el mundo de nuevas e inúti­les fantasías. En la incertidumbre sobre las nociones de que está entretejida la cultura humana, no queda más que abandonarse a las más vivas reflexiones sobre la vida, por las que el mundo es una especie de fábula cambiante, el hombre un Diógenes en busca del hombre mismo, y Frugoni, un perro que acompaña en sus búsquedas al filósofo anti­guo. Si el mundo resultante de la cultura antigua y moderna era desolado y retorcido, no nos queda más que una solución: jugar con las imágenes más variadas, dibujar so­bre ellas agudamente el pensamiento del hombre libre de ideas preconcebidas y de contradicciones escolares, mostrar la certeza de su propio «ingenio» entre las muchas apariencias que el Dios eterno ha disemi­nado por el mundo y por las cosas de los hombres.

La obra, curiosamente relacionada con lo más imaginativo del siglo XVII, es típica como testimonio de una dirección li­teraria. Bajo muchos aspectos ha de consi­derársela semejante al Literato defendido y enmendado (v.) de Daniello Bartoli, sobre todo cuanto afirma que en el magisterio del estilo es donde se halla refugio a los des­engaños de la vacuidad terrena. Pero hay que tener siempre presente que bajo la apa­riencia moralizadora, con frecuencia Fru­goni se venga venenosamente de sus enemi­gos y adversarios.

C. Cordié