Obra griega de carácter apocalíptico, compuesta por Hermas, escritor, por lo demás desconocido, que se dice ser esclavo liberto y que vivió en Roma, adonde había llegado tal vez desde Grecia y probablemente en la primera mitad del siglo II d. de C.
Esta obra está constituida por tres partes distintas: en la primera la Iglesia, con ropas de matrona, se aparece al autor en cinco visiones sucesivas para mostrarle, en forma alegórica, la gravedad de los pecados de él y de los demás cristianos, e indicarles cómo Dios, en su infinita bondad, ante la ruina que se cierne sobre el mundo da manera de purificarse una segunda vez después del bautismo.
En la última visión de la primera parte y en toda la segunda, que contiene doce preceptos y tiene carácter predominantemente moral, un ángel se aparece a Hermas bajo el aspecto de un pastor (de aquí el título de toda la obra) para explicarle mejor lo que él ha visto y debe enseñar a los demás; son examinadas las principales virtudes y los vicios que se oponen a ellas, para que los lectores siguiendo las primeras y guardándose de los segundos, se puedan salvar.
En la tercera parte, en diez «parábolas» son presentados, siempre en visiones alegóricas, los preceptos del cristianismo, y es ilustrada la bienaventuranza del más allá, para quien sepa en la tierra vivir según la virtud. Esta obra tiene cierto carácter personal en cuanto se refiere a los vicios de los familiares de Hermas, antes que a los de los hombres en general.
Se ha discutido largamente la unidad de El pastor, pero sus desigualdades y alguna contradicción que en él se encuentran se explican ahora pensando que no fue compuesto de un tirón, sino en un período bastante largo. A diferencia de los Apocalipsis (v.), que tienen resabios de influencia hebraica, El pastor no sólo trata del fin del mundo, sino con preferencia, en forma alegórica y más próxima en esto a las obras griegas, de problemas de la vida cristiana de su tiempo; por esto resulta muy interesante para el conocimiento de la comunidad romana de los primeros siglos.
Desde el punto de vista doctrinal es, sobre todo, notable, y ejerció también más tarde cierto influjo el concepto que Hermas introduce de la posibilidad de la segunda penitencia. Artísticamente no se puede negar en su lengua y en toda su representación un colorido popular, pero acerca de éste los críticos han insistido tal vez excesivamente.
La frase es sencilla y clara, su construcción bastante orgánica; su lengua es el griego común hablado entonces. Por su contenido moral y por los preceptos que daba acerca de la penitencia, El pastor obtuvo gran difusión y fue usado junto a los escritos canónicos hasta fines del siglo V, cuando fue definitivamente declarado apócrifo por el llamado «Decretum Gelasianum». [Trad. española por Daniel Ruiz Bueno con el título El Pastor de Hermas en el volumen Padres Apostólicos (Madrid, 1950)].
E. Pasini

