El Molino Junto al Floss, George Eliot

[The Mill on the Floss]. Novela de la escritora inglesa George Eliot (Mary Ann Evans, 1819-1880), publicada en 1860.

Tom y Maggie, los principales personajes, son hijos del honrado pero puntilloso y apasionado Tulliver, molinero de Dovecote Mili, junto al Floss, y el desarrollo del carácter de Maggie y el contraste con el de su hermano constituyen el núcleo principal de la novela. El alma ardiente de la muchacha, necesi­tada de afecto y devoción, adora a Tom, que tiene todas las cualidades y defectos que a ella le faltan; Maggie es toda ima­ginación e impulso; Tom tiene un gran sen­tido práctico y siempre se comporta según reglas preestablecidas. De modo que, pese al afecto que los une, son frecuentes las disputas entre ambos: Maggie, con el ímpetu de su carácter, se siente a cada momento culpable de negligencia, de aturdimiento, que su hermano no cesa de reprochar y castigar. Un tercio de la novela está dedi­cado a la descripción de la infancia de ambos y es quizá lo mejor que ha salido de la pluma de Eliot. Luego, Maggie en­cuentra en Felipe Wakem, el hijo enfermi­zo y deforme de un abogado con el que el molinero Tulliver está en continuos plei­tos, una persona de gustos y actitudes si­milares a los suyos, y se siente atraída hacia él por la piedad.

Pero, perdidos los pleitos con Wakem, el molinero se ve re­ducido a la miseria; el abogado, convertido en propietario del molino, deseando humi­llar más aún al vencido adversario, en cuya honradez confía sin embargo, le propone quedarse allí como su agente; él acepta, pero, en su odio contra el vencedor, hace prometer a su hijo, en una solemne escena en que la promesa es dada sobre la Biblia familiar, que le vengará. Tom, fiel a su padre, descubre la secreta y cada vez más íntima amistad entre Maggie y Felipe; la muchacha, tomando por amor lo que sólo era piedad, se dispone a unirse con el ena­morado Felipe. En una violenta escena, Tom insulta a Felipe y obliga a su herma­na a prometer que no le verá más. Luego, con el fruto de su trabajo redime las deudas del padre; el molinero humillado vuelve a levantarse y en su reconquistado orgullo se encuentra con Wakem, disputa con él y, vencido por la violencia de las emociones, la alegría, el triunfo y la venganza, muere con palabras de odio en sus labios. Poco después de la muerte de su padre, Maggie, que visita a su prima Lucía Deane en St. Oggs, siente que nace en su corazón una violenta pasión, correspondida, por el prometido de aquélla, el culto y agradable Esteban Guest.

En una excursión en barca la actitud de Esteban y la casualidad aca­ban comprometiendo de un modo inocente pero irremediable a Maggie. Pero la mu­chacha, sacudiéndose del torbellino que la ha arrastrado, invadida de repente por el espíritu de abnegación que durante tantos años la consoló y sometió, rechaza la mano de Esteban y vuelve a los suyos. Pero su hermano, duro e inexorable en su concepto del deber, la arroja de su casa. Maggie, abandonada, expuesta a los comentarios ma­lévolos de la sociedad provinciana, se re­tira a una casita, junto a la familia de un amigo de infancia; allí recibe una carta de Esteban que le suplica que se reúna con él, y después de una noche de lamenta­ciones, luchas y plegarias, encuentra la fuerza para contestar que no. Pero aquella misma noche, el río, en una crecida, inun­da la ciudad y los campos. Maggie, que vive junto al río, es la primera en advertir el desastre, despierta a sus amigos, toma una barca y, contra la furia de la corriente, trata de dirigirla hacia el molino paterno. Consigue, después de heroicos esfuerzos, salvar a su hermano de la casa en peligro, pero pronto ambos se ven rodeados por troncos arrastrados por el río y se ahogan abrazados.

Aunque no carezca de detalles humorísticos, gracias, sobre todo, a las her­manas de Mrs. Tulliver, criadas en el res­peto a las formas y a las tradiciones, la historia es, en conjunto, trágica y solem­ne; y la novela, con su preciso vigor y con la dramática viveza que se impone me­diante un estilo limpio y cuidado, es jus­tamente considerada como una de las me­jores de Eliot. Pero en conjunto, la obra sufre de la intención, siempre presente en la autora, de inculcar una lección de moral: con la carrera de Maggie quiere demostrar los peligros que, en la práctica y en las complicaciones de la vida, pueden surgir de las cualidades más brillantes del espíritu cuando no están frenadas por un recto y seguro sentido de los límites y del respeto por las formas, así como por los prejuicios consagrados por la costumbre. [Traducción castellana de María Luz Morales (Barcelo­na, 1943)].

M. Praz

No era un genio en el sentido elemental en que lo era Dickens: nunca hubiera po­dido ser ni tan fuerte ni tan débil. (Chesterton)

Esta gran novelista, que tendía instinti­vamente al misticismo, estaba, sin embar­go, de tal modo alejada de él por su dog­matismo racionalista, que todas sus obras muestran el origen y la evolución de este conflicto. (E. Jaloux)