El Inmoralista, A. Gide

El joven científico Michel, miembro de una familia de estricta mo­ral puritana, ha crecido en un ambiente de sofocante aus­teridad, ahogado por reglas y prohibiciones. Después de su unión con Marceline, llevada a cabo para complacer a su padre en el lecho de muerte, en su viaje de novios a África del Norte enferma gravemente de tuberculosis. Marceline lo asiste con devoción y en Biskra Michel re­cobra la salud. Las tierras de África, estimulando su sen­sualidad, lo llevan a descubrir un intenso gusto por la vida y por los placeres que ésta puede brindar.

Michel aprovecha así cualquier ocasión para liberarse de sus rémoras y de su conformismo, llegando al convencimiento de que la falta de sentido moral es expresión de indepen­dencia y de libertad. De regreso a Francia, ambos cón­yuges atraviesan un breve período de felicidad en casa de Michel en Normandía. Después marchan a París, donde Michel se siente disgustado por la falta de «individuali­dad» de todas las personas que encuentra. La sola excep­ción la constituye su amigo Ménalque que, con su apo­logía del individualismo, le hace descubrirse a sí mismo, no sin aconsejarle, ahora que está casado y a punto de ser padre, que mantenga su estado de «serena felicidad».

Marceline pierde, sin embargo, el niño que esperaba y ahora le toca a Michel asistirla. Poco después, deseando revivir la enwcionante sensación de renacimiento experi­mentada en África, Michel, aun a sabiendas de que el ca­lor del Sur es nocivo para la salud de su mujer, la con­vence para partir. Llegan a Tugurt, y Marceline muere de la tuberculosis que había contraído al curar a su ma­rido. Angustiado por la experiencia que acaba de vivir, Michel convoca a sus amigos para confesarles que su bus­ca del propio valor individual no consistía, en realidad, más que en una obstinada búsqueda del mal.