El Embrujo de Sevilla, Carlos Reyles

Novela del escritor uruguayo, publicada en 1932. El aristócrata sevillano Paco Quiñones, al encontrar vacías las arcas de su familia, sin resignarse con la suerte de joven pobre, se dedica a la tauroma­quia, convirtiéndose en breve en «espada» de cartel.

Es, desde hace tiempo, novio de Pastora, una joven heredera que quisiera que abandonara la peligrosa carrera, antes de casarse con él. Paco resiste al deseo sen­timental con tanta mayor energía, cuanto que a su llegada a Sevilla ha encontrado a la gran bailarina gitana Pura, de la que se enamora. Pura también lo ama, pero no sabe renunciar del todo a la pasión carnal que la venció en sus primeras iniciaciones con Pitoche, un cantante gitano vicioso y tara­do, y, en una riña entre los dos,* Pura hiere gravemente a Paco, al que ama, por de­fender al tuerto Pitoche, el hombre de su sangre y artífice de su primer extravío.

Paco se cura y después de haber tratado de vengarse, dándose cuenta del estado de ánimo bajo el que Pura obró, se muestra dispuesto a perdonar y continuar el idilio. Pero el profundo sentimiento religioso de la bailarina gitana, halla demasiado fácil este perdón: para que su conciencia pueda sentirse tranquila, recorre de rodillas toda la carrera de la famosa procesión de la Semana Santa de Sevilla, confesando pú­blicamente su delito y gritando su amor por la víctima: y, dejando que Paco se case con su antigua novia, reanuda sus pere­grinaciones artísticas por los escenarios de Europa.

La novela, que es un himno a Sevilla y a España, nace de un cambio de dirección espiritual análogo al que dio lu­gar a los Cantos de Vida y Esperanza (v.) de Rubén Darío, esto es, del reconocimien­to de que España es la madre de la espiri­tualidad hispanoamericana. En la primera parte de la novela, España y Sevilla están •vistas por el escritor uruguayo con ojos demasiado dispuestos a dejarse alucinar por los colores estrepitosos; en la segunda, que culmina con la paradójica penitencia de la bailarina, se nota, por el contrario, que Reyles, superado el hechizo del pintores­quismo y del colorido, ha conseguido ya afirmar y dominar poderosamente los secre­tos de la psicología española.

A. Radames Ferrarin