El Duque de Gothland, Christian Dietrich Grabbe

[Herzog Theodor von Gothland]. Tragedia en verso terminada de escribir en 1822, publicada en 1827. Es la primera obra importante del poe­ta, que mandó el manuscrito al pontífice má­ximo de la literatura alemana de su tiempo, Ludwig Tieck, para que le diera su juicio. Tieck hizo de él una crítica negativa, sin poder sin embargo ocultar su estupor ante la violencia y la fuerza de la obra. En efecto, aunque la tragedia esté llena de in­congruencias y exageraciones, hay en ella fragmentos de gran fuerza dramática.

Grab­be, que ofrece analogías con los «Stürmer und Dránger», se resiente sobre todo del influjo de Shakespeare, en el que directa­mente se inspira. Teodoro de Gothland ha ofendido al moro Berdoa, el cual, hecho jefe de los ejércitos fineses (ejemplo de la rebusca de cosas raras y lejanas en que se complace el autor), invade Suecia, tierra de Teodoro, y llega a tener una entrevista con éste, haciéndole nacer tales y tantas sospe­chas acerca de la muerte de un hermano, que Teodoro cree por fin que se trata de un delito cometido por su tercer hermano. Este pensamiento le impulsa a realizar una serie de actos insensatos: para vengar el su­puesto fratricidio, se envuelve en una red de horrendos delitos tejida por él mismo y hábilmente fomentada por el diabólico moro.

Mata a su hermano en duelo, per­sigue a la esposa de éste provocando su muerte, se hace rebelde al rey, su soberano, trata a toda costa de ir contra su destino y de convertirse en una especie de super­hombre, haciéndose fuerte en una subjeti­va y equivocada interpretación de la jus­ticia. Al fin, él mismo se estrella en esta desencadenada carrera contra el destino, poco después que el moro ha tenido su me­recido castigo a manos del propio Teodoro, que sabe ahora que ha caído víctima de este monstruo de perfidia infernal. Hay ver­sos de gran belleza y escenas magníficas y fuertes, pero el conjunto de la tragedia es turbulento y caótico, y los caracteres, que a veces caen en lo inverosímil, muestran el alma exaltada de su autor.

C. Gundolf