La duncíada, Alexander Pope

[The Dunciad]. Poema satírico de Pope cuyos tres primeros libros fueron publicados en 1728; en 1735 Pope se declaró el autor; el cuarto libro (La nueva Duncíada: The New Dunciad) apareció en 1742 y la edi­ción completa en 1743. El principal héroe del poema fue al principio Lewis Theobald, que había criticado una edición de Shakespeare a cargo de Pope; en la edición final el dramaturgo Colley Cibber (1671- 1757) sustituyó a Theobald.

Pese a la maes­tría de la frase y del verso, hoy encontra­mos pesada la lectura de este poema en el que Pope desahoga su resentimiento contra escritorzuelos de poca importancia e inclu­so contra personas dignas, como el literato y filólogo Theobald, y en general pone en la picota los vicios del mundo literario, dominado por la diosa Estupidez. El titulo debía ser originariamente El avance de la insulsez [The Progress of Dulness], pero luego prefirió el derivado de «dunce», ca­bezón (originariamente «dunsman», término despectivo dado en el siglo XIV por los seguidores de Santo Tomás de Aquino a los de Duns Scoto, el Doctor sutil), que cua­draba mejor a la intención de su poema.

M. Praz

Es difícil encontrar un despilfarro seme­jante de ingenio que produzca una sensa­ción similar de aburrimiento y de disgusto como este poema, donde el talento del autor se ha dejado sujetar por bajos renco­res personales. La impresión que se obtiene es comparable a la que produciría ver lleno de inmundicias un hermoso cesto creado para contener flores y embellecer un salón. (Taine)

La obra más completamente esculpida, la más monumental que se haya ejecutado en Inglaterra. (Pater)

*      Lleva el mismo título un poema satí­rico francés de Charles Pelissot de Montenoy (1730-1814), inspirado en la Duncíada de Pope y publicado en 1764. Como ya en la comedia Los filósofos, Pelissot se burla aquí alegremente de los escritores, filóso­fos e ilustrados contemporáneos. La obra comprendía una reseña epigramática de los literatos y filósofos más conocidos: Pelissot hizo leer esta parte, antes de la publicación, a cuantos eran objeto de ella; pero a cada uno ocultó la parte que a él se refería, dejando que se divirtiese a espaldas de los demás. Es un episodio de crónica literaria por el cual aún se recuerda alguna vez tan mediocre poema.

G. Alloisio