El diario de un seductor, Súren Kierkegaard

[Forförerens Daghog]. Obra publicada en 1843. Inspirada en el amor del autor por Regina Olsen, la obra es fundamentalmen­te ambigua, ambigüedad nacida de la do­ble finalidad que se propone. En efecto, por un lado quiere reflejar la actitud de Kierkegaard hacia la Olsen, por otro lado, trata de expresar una concepción estetizante del amor y de la vida en general, concepción que jamás fue plenamente acep­tada ni practicada por el autor. La ambi­güedad de la obra es un reflejo de la ambigüedad de la actitud de Kierkegaard hacia la Olsen: la verdadera razón que le indujo a romper el noviazgo con ella (es decir, la incapacidad de la muchacha para vivir religiosamente con él) no fue jamás revelada por Kierkegaard, que prefirió fin­gir que había obrado como un esteta o un seductor», simulando el cansancio del que ha exprimido de una situación o de una persona el iónico átomo de belleza que de ella podía esperar. Pero en el Diario, el es­teticismo erótico está falto de convicción, aunque se despliegue con gran riqueza de modulaciones, pues en realidad no pasa de ser una de las posibles existencias, con­siderada por el autor de modo fantástico. Tampoco confirma el carácter refinado y a veces enervado de las experiencias del se­ductor, ya que fácilmente se satisface con un simple saludo o con una mirada. Se comprende que un estetismo tan desmaterializado  contenga una espiritualidad inquie­ta y nerviosa que aspire a evadirse.

De aquí la tensión que impregna todo el Diario, utilizando continuamente los términos de la discordia estético-religiosa. Comparado con otras obras del esteticismo europeo (Wilde, D’Annunzio, Barrés, etc.), el Diario se distingue por el acento de una pura infe­rioridad, diferenciándose del sensualismo común a los estetas; sin embargo, repre­senta la más completa sublimación de la existencia, en cuanto que más que los go­ces, revela los sutiles y preciosos sufri­mientos en ella reunidos.

Es por tanto un importante documento de psicología moderna, que ilustra nuestra permeabilidad para la alegría y para el dolor, prevaleciendo Inevitablemente este último, y echando así las premisas para una superación religiosa del estetismo. Que ésta sea la verdadera finalidad de la obra, se desprende asimismo ce su origen autobiográfico, porque en las mismas relaciones reales de Kierkegaard con la Olsen, su función estetizante no fue un capricho, sino un medio de purifica­ción de todo residuo mundano. En este sen­tido, la ambigüedad que se bosquejó queda superada, y el Diario revela su unidad ín­tima, caracterizándose como obra de rele­vación.

G. Allinsy