El Comendador Mendoza, Juan Valera

Novela del escritor español Juan Valera (1824-1905), publicada en 1877. El autor nos cuenta bre­vemente la infancia de don Fadrique López de Mendoza, llamado después El Comenda­dor, en Villabermeja, y, luego, sus aven­turas en Ultramar. El temperamento liberal del Comendador le conduce a asimilar las ideas de los enciclopedistas franceses y a forjarse una filosofía naturalista. Con sus ideas y su experiencia, y una buena fortu­na, vuelve don Fadrique a su tierra natal. Allí le esperan para festejarle, entre otras personas, su hermano don José, el Padre Jacinto y su sobrina Lucía. Clara, una ami­ga de Lucía, despierta en el Comendador un raro sentimiento, que se nos aclara cuando confiesa don Fadrique al Padre Jacinto que la muchacha es fruto de sus amores adúl­teros con una dama. Aquí radica la ver­dadera intriga. Doña Blanca Roldán, la ma­dre de Clara y esposa de don Valentín de Solís, a quien el Comendador había cono­cido en Lima, se halla ahora recluida en su orgullo y en su vida de piedad. Para reparar su secreta caída obliga a Clara a casarse con don Casimiro, el más próximo pariente de su marido, a fin de que la for­tuna de don Valentín se quede en la familia de Solís. Pero de Clara está enamorado don Carlos de Atienza, estudiante de Derecho, al cual ella ama también secretamente.

El Comendador, en su deseo de favorecer los amores de Carlos y de Clara, se presenta de improviso en casa de doña Blanca, pero no consigue ningún resultado. Clara, entretan­to, ante los graves problemas que, si no entiende claramente, por lo menos intuye alrededor de su vida, decide hacerse monja. La inesperada revelación del secreto que la misma doña Blanca hace en un momento de enajenación mental, durante la enferme­dad que ha de llevarla a la sepultura, cons­tituye la solución, el «deus ex machina» de la trama, un poco artificial, de esta novela. Don Fadrique restituye a don Casimiro, me­diante una artimaña, el dinero que pertene­cía a su familia, y casa, finalmente, con su sobrina Lucía. La obra responde, en sus lí­neas generales, a las características y al pen­samiento de Valera. Al autor le gusta hacer gala no sólo de sus conocimientos filosóficos, sino también de sus ideas morales y teo­lógicas (recordemos que Pepita Jiménez (v.) y Doña Luz (v.), dos de sus obras más re­presentativas, giran alrededor de un pro­blema éticorreligioso). Las dos figuras del Comendador y del Padre Jacinto, con su oposición doctrinal y confesional por un lado, y su buena amistad por otro, pueden constituir un símbolo de la ideología de Valera.

A. Comas