El Clave Bien Temperado, Johann Sebastian Bach

[Das wohltemperierte Clavier]. Colección de «pre­ludios y fugas» para instrumentos de cuer­da y teclado, de Johann Sebastian Bach (1685-1750), dividida en dos partes, respec­tivamente terminadas en 1722 y 1744, y am­bas no publicadas, hasta muchos años des­pués de la muerte de su autor. La primera edición fue preparada en 1800 por Hans G. Nágeli, pero la edición, basada en el exa­men crítico de los manuscritos, apareció en el año 1864 al cuidado de la Sociedad Bach de Leipzig (vol. XIV). Aunque se acostum­bre con mayor frecuencia a titular a esta obra de Bach El clavicémbalo bien tempe­rado, la extensión de los sonidos en esta obra demuestra que estaba originariamente destinada al clavicordio o clave, instrumento de cuerdas pulsadas con teclado, más que al clavicémbalo, instrumento de cuerdas pe­llizcadas con teclado; lo cual no impide que también pudiese adaptarse a este último, como admirablemente se adapta al piano moderno, del cual Bach vio sólo algunos modelos todavía primitivos. La expresión «bien temperado» se refiere al problema lar­gamente discutido de la afinación de los ins­trumentos de teclado que a primeros del siglo XVIII había sido prácticamente re­suelto con la adopción del «temperamento igual», o sea, división de la octava en doce semitonos iguales, por lo cual cada intervalo musical (excluida la octava) pierde un poco de la pureza que tendría en la llamada «es­cala natural» de los físicos, a causa de la equiparación o «temperamento» de los so­nidos homólogos (por ejemplo del «do sos­tenido» con el «re bemol», y del «mi soste­nido» con el «fa»; del «do doble sostenido» con el «re», etc.), sistema que ha conti­nuado en uso hasta hoy.

Cada una de las dos partes del Clave bien temperado contie­ne veinticuatro preludios y fugas en todos los tonos «mayores» y «menores», esto es, un preludio y fuga en el tono de cada grado de la escala temperada en «modo mayor», y otro en «modo menor» y en orden cromáti­co ascendente («do mayor-do menor»; «do sostenido mayor-do sostenido menor», etc.). Tal es el aspecto didáctico que Bach quiso dar a esta obra (en su título original se dice, entre otras cosas, que la colección está des­tinada «a utilidad y uso de la joventud mu­sical deseosa de instrucción así como para recreo de los que son hábiles ya en este estudio») y es ya por sí mismo harto inte­resante en cuanto da ocasión al autor para desarrollar tonalidades inusitadas o casi inu­sitadas en su tiempo y, por lo tanto, para abrir nuevos horizontes armónicos; pero en realidad para el oyente artista ese aspecto se anula o se funde en la emoción artística, pues ambas partes del Clave bien temperado figuran entre los más ricos tesoros de alta expresión musical que hayan salido a luz jamás. Tanto los «preludios» como las «fu­gas» son de breves dimensiones, pero de gran densidad musical; a veces tienden tam­bién a la vastedad de las composiciones para órgano en comparación con las cuales, sin embargo, mantienen siempre una forma más ágil y transparente, y un carácter más ligero (no por ello menos profundo), puesto que Bach adapta admirablemente su inspi­ración a la diversa naturaleza de los instru­mentos. Cada «preludio» va ligado a su respectiva «fuga» por una íntima afinidad, aunque Bach admitía la ejecución por se­parado de los primeros, y si por una parte no hay entre los varios trozos de la colec­ción un vínculo de continuidad, es cierto que un aura misma los envuelve a todos y nace de su conjunto, y particularmente de cada uno de los dos grupos en completa serie tonal, una serie homogénea y tal que puede ser muy bien apreciada en una eje­cución íntegra, como los ciclos de las So­natas (v.) de Beethoven, o de los Prelu­dios (v.) y Estudios (v.) de Chopin.

Los Preludios tienen formas diversas, desde el más sencillo bordado sonoro, preñado de armonías ligadas en una perfecta unidad de conjunto (por ejemplo, los «Preludios» 1.°, 3.°, 6.°, 13.°, 15.°, 21.° de la primera parte; y los 2.°, 6.°, 15.°, 20.°, 23.° de la segunda), a las escritas a manera de inven­ción («Preludio 19.°» de la primera parte, y «Preludio 8.°» de la segunda parte) o de tocatta («Preludio 7.°» de la primera parte) y a otras indefinibles, a menudo bipartitas, a menudo contrapuntísticas, a veces de densa polifonía, a veces también de tendencia mo­nódica. Las «fugas» tienen de común la es­tructura de las voces a imitación en el giro armónico de «tónica» y «dominante» y, más o menos, la estructura genérica de exposi­ción, divertimentos, stretti, pedales, etc., pero por todas partes con aspectos diversos y con libre desenvolvimiento, en absoluto sujeto a moldes, pues hasta el esquema de la fuga escolar, formado después, resulta cosa muy empobrecida y cerrada en compa­ración con esta admirable despreocupación formal. Para Bach la «fuga» representa, en el campo instrumental, la forma más con­natural, esto es, aquella en que su polifonía se despliega del modo más espontáneo y al mismo tiempo se adapta a variadísimos mo­dos de inspiración; en efecto, el Clave bien temperado contiene ya en sí todo un mundo musical, y con razón se dijo que es como un «microcosmos» del genio de Bach. El ca­rácter general lo da un sentido de intimidad familiar y meditativa que se mantiene en las más diversas entonaciones, de la dulce y afectuosa, a la dramática y enérgica; de la suavemente idílica a la grave y mística, de la juguetona y ligera a la grandiosa e imponente; entonaciones que a veces predo­minan en una u otra pieza pero que a veces se entretejen y funden diversamente.

La pri­mera parte es la más conocida, y tal vez también en conjunto, la más límpida e igual de inspiración, y ofrece los rasgos de la frescura juvenil y al mismo tiempo de la plena madurez artística (el autor no llegaba a los cuarenta años), mientras en la segun­da parte hay mayor complejidad formal, una expresión en cierto sentido todavía más concentrada, y aquí y allá algo atormentado e imprevisto, pero, en todo caso, resulta más rica y profunda; esto dejando aparte la circunstancia de que algunos trozos fue­ron probablemente compuestos mucho antes de que se publicase toda la colección y tie­nen, por lo tanto, carácter afín a los de la primera parte. No es raro notar cierto pa­rentesco ideal entre los trozos de igual to­nalidad de las dos partes, a veces sólo en el «preludio», o sólo en la «fuga», comen­zando por los preludios en «do mayor», am­bos llenos de claridad, aunque en el uno procede del regulado sucederse de armonías como capas lumínicas, y en el otro de una discursividad lineal; mientras las «fu­gas» respectivas son más diversas entre sí, serenamente melódica la una, vigorosa e in­cisiva la otra. Las dos «fugas en do soste­nido mayor» son ambas de viva jocundidad: en los fragmentos en «re menor» domina una entonación meditativa y «seria» conte­nida también en el aspecto brillante de los «preludios» y así sucesivamente.

Entre los demás «preludios» y «fugas» recordaremos, en el primer volumen, de tono gravemente meditativo o místico el en «do sostenido me­nor» (con la «fuga» a cinco voces), en «mi bemol menor» (entre los más celebrados es­pecialmente en el «preludio» de sobrehuma­na belleza emotiva), en «fa menor», en «si bemol menor» (también celebérrimo por su preludio y por su «fuga» a cinco voces con admirable «stratti»), en «si menor»; de tono claro o idílico o vivaz, los en «mi mayor», en «fa sostenido mayor», y en «si mayor». En el segundo volumen el en «mi mayor», suavemente idílico en el «preludio» y en la «fuga», de religiosidad apropiada también para el órgano; los en «fa menor», en «sol sostenido menor» (con la «fuga» de croma­tismo sinuoso y de admirable discursividad, etcétera). En el Clave bien temperado se respira no sólo una rica y profunda huma­nidad, sino a veces también un íntimo, di­ríamos casi secreto sentido de la naturaleza, el mismo en el fondo que en las Cantatas (véase) y también en fragmentos de los ora­torios (especialmente en el Oratorio de Na­vidad) halla más abierta y libre expansión; valgan de ejemplo el «preludio en mi ma­yor» y el en «sol menor», y el «preludio y fuga en fa sostenido mayor», de la primera parte. Por su gran importancia en cuanto al estilo polifónico el Clave bien temperado se ha convertido en parte fundamental del estudio pianístico, y como tal difundido por varias ediciones modernas, la más penetran­te y genial de las cuales es la Bach-Busoni gesammelte Ausgabe (v. Transcripciones de Busoni).

F. Fano