Clemencia, Fernán Caballero

Novela española de Fernán Caballero, pseudónimo de la escritora de ori­gen alemán Cecilia Bóhl de Faber y Larrea (1796-1877). Publicada en 1852, contiene al­gunos elementos autobiográficos relativos al desdichado primer matrimonio de la autora con el capitán Planells. Clemencia, huérfana cándida e inocente, educada por su tía la marquesa de Cortegana, a cuya autoridad ni sabe ni quiere resistir, arruma su felici­dad, casándose, por obediencia, con un li­bertino, el marqués de Valdemar. Pero la guerra civil llama un día al marido al Norte y Clemencia, enferma, vuelve a casa de la tía donde, poco después, le llega la noticia de la heroica muerte del marido en un combate. Al mismo tiempo, dándose cuenta su tía la marquesa de que Clemencia ama en secreto a un primo suyo, pobre, oficial de la guarnición, aprovecha la ocasión de la enfermedad de Clemencia para mandar a los dos jóvenes a una lejana localidad de la costa, donde, una noche de tempestad, naufraga la nave donde se halla el amado de Clemencia. Al amanecer, aparece entre los cadáveres el del infeliz joven. Clemencia vuelve con la tía, pero inesperadamente lle­ga una carta del suegro en la que éste la invita a vivir con su familia.

Clemencia nota que se le abren las puertas de la feli­cidad, pero no piensa en el amor, ni se da cuenta de la pasión que nace por ella en el ánimo de Pablo, tímido campesino que por todos los medios trata de instruirse y refinarse para ser digno de ella. El suegro muere, su mujer se retira a un convento, y Clemencia vuelve a casa de la tía ya vieja y cansada. Uno de los asiduos de la casa, un gentilhombre refinado y escéptico, la hace creer que ha hecho nacer en él el amor por vez primera, pero al final no puede soportar su carácter vacío ni la aridez de su corazón; la venda cae por fin de los ojos de Clemencia, que se da cuenta de que vale mucho más el amor de Pablo; po­cos días bastan para hacerla cambiar de vida, y encuentra por fin, con Pablo, la verda­dera felicidad del corazón. Obedeciendo a la tendencia religiosa y moralizadora, pro­pia de esta escritora, la novela, triste, trata de enseñar que la paciencia y la resignación son virtudes indispensables y que sólo ven­ciendo con fuerza de ánimo las adversidades del destino, se puede alcanzar la verdadera serenidad de espíritu. Perjudica para el lo­gro del fin de la obra, cierto desabrimiento al trazar la figura de mujer, pero no carece de vigor ni de colorido para mantener vivo el interés del lector moderno.

A. Manganiello