[Clavigo]. Tragedia en cinco actos de Wolfgang Goethe (1749-1832), aparecida en 1774 poco antes de las Cuitas del joven Werther (v.). Los motivos determinantes son dos: el primero, ocasional y externo, un episodio, las Memorias (v.) de Beaumarchais (Fragment de mon voyage en Espagne), aparecido también en 1774; el otro íntimo y subjetivo: el estado de ánimo de Goethe después de abandonar a Friederike Brion, que le había sugerido ya Goetz de Berlichingen (v.). También aquí se trata de un prometido que no hace honor a la palabra empeñada. María Guilbert vive con su hermana Sofía y su cuñado en una ciudad de España. El padre las había confiado siendo niñas a un corresponsal comercial que había prometido adoptarlas; pero había muerto sin dejarles la menor herencia. Las muchachas consiguen apenas ganarse la vida y conocen a un joven, Clavijo, que está como ellas en dificultades financieras. Le ayudan y aconsejan y él promete casarse con María apenas haya encontrado un buen empleo. Pero en cuanto es nombrado notario en la corte, rompe el noviazgo. María enferma del disgusto, y Sofía llama en su ayuda a su hermano Beaumarchais, que está en Francia, quien llega y con testigos obliga a Clavijo a escribir, presente toda la servidumbre, una especie de confesión de traición por su parte y un certificado de buena conducta moral por parte de María. Clavijo consigue de Beaumarchais que no publique dicho documento si la muchacha se aviene a perdonarle. En el tercer acto visita a la joven y, viéndola tan consumida por su causa, siente que se despiertan sus remordimientos, se arroja a sus pies y obtiene el perdón de la enamorada joven.
Beaumarchais rompe los documentos y le abraza fraternalmente. Pero está Carlos, el consejero de Clavijo, que ya anteriormente le persuadió a abandonar a María, obstáculo de una brillante carrera, y que ahora vuelve al asalto susurrándole que puede fácilmente, con ayuda de la corte, deshacerse de Beaumarchais, haciéndole desterrar a las Indias, con lo que evitará perjuicios y escándalos. Clavijo se rebela, pero Carlos no le deja descansar, y le muestra el absurdo de semejante matrimonio. María está enferma, está ya marchita y es feúcha y el robusto caballero Clavijo no podrá ciertamente presentarla en la corte. El desgraciado se deja convencer y huye, dejando una carta de despedida definitiva a María, leyendo la cual su corazón enfermo deja de latir. El último acto representa el entierro de María; es de noche y aconsejan a Beaumarchais que huya de madrugada; dos hombres embozados aparecen en la esquina del camino: son Clavijo y su criado. Clavijo no sabe nada de la muerte de María; ve el cortejo, adivina, y un ímpetu inesperado de dolor y de arrepentimiento despierta en él el antiguo amor y le obliga a lanzarse sobre el ataúd descubierto invocando el nombre de María. Beaumarchais le desafía y le atraviesa con la espada. Muere Clavijo diciendo que está contento de morir con María y perdonando a Beaumarchais, que también le perdona.
El alma de Goethe se refleja en los personajes de Clavijo y de Carlos; el primero, que obedecería con gusto sólo a los impulsos de su corazón, y el segundo, que con razones le frena. Todo ello representa una especie de condena de la propia manera de actuar, con una sombra de justificación. Si Clavijo es, entre las obras dramáticas de Goethe, una de las más características del «Sturm und Drang» (v.), basta compararlo con las demás del mismo movimiento para advertir su superioridad. Mientras en aquél el momento trágico, más que resolver una situación, la convierte algunas veces en grotesca, aquí todo concurre á la catarsis y a dar altura al protagonista. Así la enfermedad de María, que determina su muerte, de la que la carta de Clavijo es sólo la ocasión, agiganta su remordimiento, que se hace mayor con la verosimilitud, como conviene a un sentimiento que asume proporciones trágicas. En el último acto, que recuerda el entierro de Ofelia, todos los personajes tienen acentos nobles y sublimes; con la pasión y el dolor salen de la mezquindad del ánimo pobre y consiguen verdadera humanidad. [Trad. de Ramón María Tenreiro (Madrid, 1920) y de Rafael Cansinos Assens, en Obras completas, tomo III (Madrid, 1951)].
G. F. Ajroldi

