El Beso de Lesbia, Alfredo Panzini

[II bacio di Les­bia]. Novela de Alfredo Panzini (1863- 1939): último de sus libros en cuanto al tiempo (1937), pero uno de los primeros en cuanto a la intensidad de inspiración y vi­veza de estilo. Se narran en él — con evo­caciones de poemas catulianos, de testimo­nios antiguos, sobre todo de Cicerón, y de interpretaciones modernas, especialmente de Carducci y de Pascoli— los amores de Catulo y Lesbia: venturosos y felices al comienzo por la plenitud del mutuo aban­dono, tristes después, y hasta fatales al poe­ta, por la procaz volubilidad de la mujer. Pero el uso de las fuentes y de la historia en general está, en la novela, libremente contaminado por la influencia de los pro­pios sentimientos e ironías del autor, que trata de conciliar el contraste entre sabidu­ría y voluptuosidad, entre Virtud y Venus terrena, según es característico de la mito­logía poética y de la naturaleza lírico-auto­biográfica del propio Panzini. La narración, por tanto, se libera en seguida de los es­quemas y modos de la novela o de la narración propiamente dicha, para conver­tirse en evocación elegiaca — en la persona de Catulo o en la del propio Panzini — de un modo remoto, fabuloso, y sin embargo lleno de sugestivas alusiones al presente; de un grave mundo de recuerdos clásicos y de principios morales, y sin embargo rebo­sante de amor y de vida y dominado por la «demoníaca» presencia de la mujer. Re­suenan así, en este último «viaje sentimen­tal» de Panzini, algunas de sus notas poé­ticas más puras; especialmente en las páginas finales, en una vaga fantasía de «isla de las beldades, de los héroes, de los poetas», en la que Catulo se encuentra con Ariosto, con Carducci y con una Lesbia ideal, y donde, en la serena melancolía de ciertos acordes, también Panzini parece despedirse de la poesía y de la vida.

A. Bocelli

Ajeno al halo de la poesía de Catulo, Panzini repite algunas destrezas de ironía y de palabra un poco frías, un poco cansa­das, un poco envejecidas, recogidas por todas partes, y diseminadas a la ventura, se­gún el gusto de las invenciones humorísti­cas de los periódicos. (G. De Robertis)