El ayudante del verdugo (Mario Lacruz)

Como siempre que se acerca uno a este autor, se encuentra un punto de vista original y distinto, no del todo español ni del todo extranjero, no del todo antiguo ni del todo contemporáneo.
En el ayudante del verdugo, Lacruz nos habla del proceso de corrupción de dos hombres en busca de dinero y reconocimiento. Uno de ellos, el empresario, empieza con pequeños trapicheos y lentamente va ascendiendo en la escala económica sin conseguir nunca del plenamente ascender en la escala social, como él quisiera. El otro, que es a al vez el narrador, es su abogado, y ce también mejorar su posición a medida que mejora la de su patrón pero sin llegar a lograr que su vida se estabilice.
Por tanto, estamos ante dos personajes que aparentemente triunfan, pero en todo lo que no es exactamente lo que desearían y, pro tanto, siguen adelante con mayor ansia en una búsqueda casi desesperada, o resignada, del camino que les lleve a una satisfacción más allá de la aparente.

En este libro se nos habla un poco de todo lo que fue la España del desarrollismo: estraperlo, falta de escrúpulos, tráfico de influencias y pequeñas dosis de miseria que, por su larga duración, acababan impregnando por completo la vida y el país.
El ayudante del verdugo es el personaje gris y miserable que se enriquece con las ejecuciones sin siquiera acabar de dar la cara. Y en esa fatiga crónica de caminar en círculos aunque se suba la montaña se desarrolla un libro con fragmentos líricos y trasfondo casi naturalista, iniciado y concluido en una cena de homenaje que el homenajeado paga, y en una condecoración comprada a fuerza e sobornos ridículos.
Un libro de sensaciones más que de historias.

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