[Zwei Menschen]. Novela publicada en 1911. La mayor parte del libro está constituida por notas arrancadas del diario del protagonista de manera que la narración toma la forma concisa de un monólogo. Roque, el protagonista, es el segundón de una familia noble venida a menos, y desde su infancia está destinado por sus padres al sacerdocio; pero, muchacho de gran temperamento, está enamoradísimo de una hermosa doncella a la cual se ha prometido secretamente. Los suyos no ceden, es más, la madre para obtener de Dios la gracia de la vocación de su hijo parte para una larga y difícil peregrinación; después de varios días de ausencia, su hijo, que va a buscarla la encuentra muerta de frío y de fatiga.
Acosado por la idea de que la madre ha muerto por su culpa, el joven emprende una peregrinación a Roma. Cae allí en manos de un monje exaltado y se ve reducido a un estado de exasperación tal que no encuentra otro refugio que el sacerdocio. Se hace fraile agustino iniciando una vida de dolor y de pecado. Pronto se despiertan en él recuerdos y nostalgias, consigue le trasladen al convento de su país y puede volver a ver a su viejo padre y a la muchacha a la cual se había prometido. La pasión amorosa renace en su corazón y en vano intenta vencerla. La joven que amaba se ha convertido en una hermosísima mujer y le permanece fiel; se ha entregado al trabajo, ha vendido su propiedad e instalándose en un lugar solitario de la montaña se dedica a una misión civilizadora y bienhechora entre los habitantes de la región.
Pero el hombre no la deja en paz; la va a visitar ahora en calidad de sacerdote, y sabiendo que es librepensadora, la atormenta intentando convertirla al dogma; la llegada de un joven despierta en él unos celos que exaltan su fanatismo; finalmente, la desgraciada, trastornada, se mata. El fraile va arrastrando por doquier su miserable vida y a pesar de sus ascensos dentro de la orden es irremisiblemente desgraciado. La novela, que tiene una evidente tendencia anticatólica y no carece, como siempre sucede en las obras de Voss, de elementos convencionales es, a pesar de todo, una de sus mejores obras, especialmente por la firmeza con que está trazada la figura de la mujer.
E. Rosenthal

