Donde hay agravios no hay celos, Francisco de Rojas Zorrilla

Comedia en tres actos del dramatur­go español (y cuyo título completo es: Don­de hay agravios no hay celos (Amo cria­do). Es también conocida por la segunda parte de su título. Fue publicada en la Parte primera de las comedias de Rojas en Ma­drid en 1640. Por su argumento ingenioso tuvo gran fortuna en España y fuera de ella (donde es conocida con el título El amo criado) y fue traducida por Scarron con el título Jodelet maitre et valet.

Don Juan de Alvarado llega a Madrid procedente de Burgos para conocer a su prometida, doña Inés, hija de don Fernando de Rojas, anti­guo amigo de su familia. Ambos prometidos se han enviado ya sus respectivos retratos. Llega, pues, don Juan de noche con su cria­do Sancho a la calle donde vive doña Inés. Buscan su casa. Entonces Sancho se acuer­da que al enviar el retrato a doña Inés ha puesto el suyo en lugar del de don Juan. Sancho pregunta por la casa de doña Inés a Bernardo, criado de don Lope de Rojas, primo y enamorado de doña Inés. Llaman, y salta desde el balcón de la casa don Lope que se había introducido en ella mediante la ayuda de Beatriz, dama de compañía de doña Inés.

Riñen don Juan y don Lope, y éste huye, aprovechando la oscuridad de la noche. La salida de don Lope de la casa de su prometida engendra los ce­los de don Juan, quien para investigar lo que en realidad ocurre, decide que Sancho asuma su personalidad y él la de Sancho, a lo que ayudará indiscutiblemente el error del retrato. Doña Inés confiesa a su padre que no ama a don Juan (a quien sólo conoce a través del retrato y cree que es Sancho). Entre tanto, doña Ana, hermana de don Juan, deshonrada por un caballero que también mató a otro hermano suyo, se aco­ge bajo el amparo de don Fernando. El ofensor de doña Ana y culpable de la muer­te de su hermano es el propio don Lope.

Así don Juan que entra en la casa disfra­zado de Sancho para saber el motivo de sus celos, tendrá que convertirse en reparador de su deshonra y de sus agravios que ha­brán sustituido a sus celos del principio. Al final de este acto tiene lugar la entrada de los falsos don Juan y Sancho y el es­panto de doña Inés al ver su pseudoprometido (Acto I). El día antes de la boda de don Juan con doña Inés, ésta se lamenta amargamente de su suerte, lamento que oye don Lope, y que da lugar a un diálogo en­tre ambos. En esto llegan don Juan y San­cho, y Sancho hace hablar en su nombre a don Juan, lo que da lugar a un sutil y equí­voco diálogo amoroso entre el falso San­cho y doña Inés. El mantener constante­mente el equívoco origina una serie de si­tuaciones que el autor sabe resolver con extraordinaria ocurrencia y agilidad.

A su vez tiene también lugar el encuentro y reconocimiento entre don Lope y doña Ana. Asimismo, los encuentra don Juan, que simulándose vengador de la honra de su señor, no sabe por quién empezar, si por matar a su hermana o a don Lope; pero don Lope la defiende (Acto II). En duelo final entre don Juan y don Lope —tras un análisis de los motivos que llevan a aquél al duelo, en el que procura distinguir los agravios de los celos y que su obligación es la de vengar agravios y no celos — da también lugar a un sutil juego, pues se des­arrolla en una estancia a oscuras donde Sancho es sustituido por el auténtico don Juan. Finalmente éste se da a conocer, y la obra termina con el casamiento de él con doña Inés y de don Lope — que se justifica plenamente— con doña Ana. Por lo inge­nioso de su argumento, por la sutilidad de su diálogo y la habilidad escénica es una de las mejores comedias de enredo del Si­glo de Oro español. *