Don Pietro Caruso, Roberto Braceo

Drama en un acto repre­sentado en 1895. Don Pietro Caruso es un pobre desecho humano, y no se lo esconde (pero sin el menor énfasis), porque su temperamento alegre y vivo de napolitano le hace florecer la canción en los labios: hasta la descripción de los enredos con que alimenta su mísera vida y sus vicios —el juego y el vino—, adquiere, en su pintoresco lenguaje, un sabor tan cómico que casi los justifican. Pero en su tabuco, lejos del mundo corruptor, tiene guardado celosamente con llave un tesoro: la hones­tidad y la pureza de su hija Margherita. Sólo por ella, en su viejo y árido corazón, revive el culto del honor, «el único hilo, como dice, que le ata a la vida», Y Mar­gherita, presa del aburrimiento y de la melancolía, encuentra una doble llave para dar entrada a un hombre, en cuyo juguete se convierte.

Cuando el padre lo descubre, cuando le declara el seductor que «no se casa con la hija de Pietro Caruso», pero que está dispuesto a convertirse en su protector, cuando ve que Margherita acepta, sin un temblor, la ignominiosa proposición, mide la condenable equivocación de su cie­go y celoso amor que, por protegerla, ha separado a la muchacha de la realidad y de la conciencia. El único hilo que le ata­ba a la vida acaba de romperse. Sale de la buhardilla, entonando todavía una canción, con un revólver en el bolsillo. El drama, que con sobriedad y sencillez de medios expresivos, plantea y cierra, en el transcur­so de pocas horas, la tragedia de un alma, es una de las obras más vigorosas de Bracco.

E. Ceva Valla