Don Luis Mejía, Eduardo Marquina y A. Hernández Catá

Comedia de capa y espada en cuatro actos y en verso estrenada en el Teatro Español de Madrid el día 17 de enero de 1925. Los autores han convertido en protagonista de una obra literaria al personaje secundario de Don Juan Tenorio (v. Don Juan), don Luis Mejía, a quien el Burlador vence en la apuesta y mata más tarde. El primer ac­to transcurre en París, unos días antes de que termine el plazo de la apuesta entre don Luis y don Juan Tenorio (que consti­tuye el primer acto de Don Juan Tenorio). Don Luis despierta en su finca junto al Sena y recibe de pronto la visita del caba­llero Lorena — con quien ha estado la no­che anterior—. Éste le acusa de haber secuestrado a su hermana doña Clara de Lorena, a quien él tenía recluida en su casa por temor a galanes y burladores. Don Luis jura y perjura que jamás la ha visto, pero en cuanto desaparece Lorena, doña Clara entra en el aposento de don Luis.

Por la noche cuando él abandonó la casa de su hermano, ella le siguió, atraída y enamo­rada por el encanto de su voz, que había oído a través de las puertas. Don Luis la respeta y se queda con ella, sin violentarla, atraído por su hermosura y su bondad, e in­cluso renuncia a asistir a las ferias de Versalles, con lo que pierde la oportunidad de añadir nuevas conquistas a la lista que de­berá presentar a Tenorio. El resto de la acción transcurre en Sevilla. En el segundo acto, en casa de Mejía, estando él con sus compañeros, Molina, Albornoz y Luis, apa­rece en la puerta una mendiga que tiene un parecido extraordinario con doña Clara de Lorena, y que es ella en realidad, que ha seguido como enajenada a don Luis.

Él no la reconoce, pero ella será a partir de ahora su ángel tutelar, la personificación y sím­bolo de lo bueno que hay en Mejía. Entre­tanto, doña Leonor de Olmedo, madre de Mejía, prepara su casamiento con doña Ana de Panto ja. El tercer acto tiene lugar en la antecámara de doña Ana. Don Luis ha per­dido la apuesta con Tenorio y, tras haber apostado también la virtud de doña Ana, don Luis es encarcelado, y aquél mediante el resentimiento de Lucía, criada de doña Ana y enamorada de don Luis, ha conse­guido entrar en la habitación de doña Ana y deshonrarla. Doña Ana decide marchar secretamente y entrar en un convento. Li­brado de la cárcel, don Luis, llega a la habi­tación de doña Aña. El diálogo entre ambos está lleno de dramatismo ante la fata­lidad de poder realizar su sueño y constituye uno de los momentos más felices de la obra. Don Luis marcha dispuesto a matar a don Juan o morir él. El cuarto acto o epílogo tiene lugar en la orilla del Guadal­quivir, cerca de la quinta de don Juan.

Por allí pasa doña Ana con su criado ca­mino del convento. Es de madrugada y le llega noticia por revelación de la Mendiga de que Tenorio ha matado, en el desafío, a don Luis. La obra termina, con la apari­ción de don Luis. La comedia tiene algunos aciertos, pero peca en general — aparte del propósito de emprender temas semejantes y de imitar el teatro clásico español — de cierta falsedad y falta de verosimilitud en las situaciones, de cierto desequilibrio, de situaciones gratuitas, etc. Con todo, la figu­ra de don Luis constituye hasta cierto punto un acierto desde el punto de vista psicoló­gico. Como contrapartida de Tenorio, don Luis queda siempre más corto en sus em­presas y aventuras porque, a diferencia del Burlador, se enamora en realidad de las mujeres que intenta seducir. La salvación del héroe, como en Don Juan Tenorio, se justifica por haber respetado a una mujer, a doña Clara. Pero este personaje no tiene suficiente envergadura, y su constante pre­sencia en la obra resulta un inconveniente difícil de superar.

A. Comas