[Journal intime]. Es importante como testimonio psicológico y como prueba histórica el diario íntimo del filósofo francés Marie-François-Pierre-Goathier de Biran, llamado Maine de Biran (1766-1824), publicado parcialmente en 1841 por Ernesto Naville con el título Maine de Biran, su vida y sus pensamientos [Maine de Biran, sa vie et ses pensé es]. Después de algunos fragmentos de la primera parte, de 1792 a 1795 y otros de 1815, dados a conocer por Fierre Tisserand y por el canónigo Mayjonade, fue editado íntegro por A. de la Valette-Monbrun en 1927.
El autor da en los primeros fragmentos el más directo testimonio de su preparación filosófica: en 1792, discutió sobre la existencia del Ente supremo y sobre el ateísmo, tratando de desenvolver algunas de las premisas del doctrinarismo de Robespierre en un sistema orgánico de pensamiento. El espiritualismo venció a estas primeras afirmaciones, todavía inspiradas en el escepticismo de Bayle, para llegar treinta años después a un misticismo religioso. Una prueba notable de la formación moral del escritor nos brinda la «Meditación sobre la Muerte» junto al lecho fúnebre de su hermana Victoria, en 1793, en la que ventila los problemas más candentes en torno al problema de la inmortalidad del alma.
El filósofo no tiene certeza ninguna en relación con tal problema, y angustiado, pide ayuda a la religión y a la ciencia para estar seguro, bien de una fe o de una negación. Otras notas del mismo año tratan de la infelicidad de no conocer la propia intimidad, de la libertad, de las pasiones y de la relación entre lo físico y lo moral. Otros apuntes, de 1794, en tomo a los acontecimientos revolucionarios y sobre la necesidad de que la nación se encuentre a sí misma, se unen a la perspectiva de una futura felicidad humana, meta de todos los sabios. Siguen algunos pensamientos, de 1795, sobre el Terror y sobre Luis XVI; la execración de los hombres más fanáticos de la Revolución debe guiar a los espíritus hacia la cordura, que todos parece que tienen en olvido.
En la obra definitiva, se pasa al año 1811, donde en forma de verdadero Diario, el autor anota sus impresiones sobre la sociedad contemporánea y la crisis que atravesaba, bajo el gobierno de Napoleón. Entre 1813-1814, las anotaciones se hacen mucho más extensas, y en ellas se consignan las vicisitudes políticas del país, entre la primera Restauración, los Cien días, el nuevo retorno de Luis XVIII y la lucha entre liberales y ultrarrealistas. Maine de Biran, que es partidario de fortalecer la tradición, aun aborreciendo las violencias de los revolucionarios, siente la necesidad de concesiones a la libertad: con él discuten los espíritus más ilustrados, tratando de conciliar el bien de los ciudadanos con la fortaleza de un gobierno legítimo.
Es la meditación de un estudioso que aborrece a Voltaire, pero que sufrió el influjo de Rousseau. El recuerdo de su vida, unido a los acentos a veces patéticos de su posición de hombre aislado ante los grandes problemas de su tiempo, caracterizan a la obra, como documento histórico y como prueba de moderación y de independencia de juicio moral. Sainte-Beuve pronosticaba a este Diario un puesto junto a Pascal y Fénelon.
C. Cordié

