Diario para los ermitaños

[Zeitung für Einsiedler]. Semanario ale­mán fundado por Achim von Arnim (1781- 1831) en Heidelberg en 1808, que tuvo sólo cinco meses de vida y fue luego publicado en volumen a fines del mismo año con el título: Consuelo para la soledad — Sagas y profecías viejas y nuevas, historias y poe­sías. Tipográficamente modesto, alcanzó du­rante su breve duración una gran impor­tancia.

Representa, más que otro ninguno, el proceso de maduración del romanticismo en los años que median entre 1804 y 1808, en la floreciente Universidad de Heidelberg. Siguiendo la misma dirección del Cuerno maravilloso del niño (v.) y de los Libros populares alemanes (v.) de Görres, repre­senta un momento de regeneración en la vida políticamente atormentada de la Ale­mania de la época y de revalorización de la conciencia nacional a través del arte y de las costumbres germánicas. Los temas tratados son varios. Colabora todo el grupo de poetas suevos, Uhland comprendido, como también Bretano, Görres, Grimm; Arnim es más director que colaborador. Goethe elogia la iniciativa pero no toma parte activa; mientras que Jean Paul se convierte en uno de los más asiduos cola­boradores y Hólderlin se presenta por vez primera entre los grandes poetas.

La inten­ción es muy distinta de la del «Athenáum» (v.): es la presentación de un nuevo mun­do poético, que ya ha nacido del romanti­cismo; la crítica y la sátira solamente tie­nen significación defensiva. Solamente en los últimos números se encendió una impor­tante polémica con Voos exacerbando la disputa entre clasicismo y enciclopedismo, por una parte, y restauración y romanticis­mo por otra. Goethe se puso de parte de Ios jóvenes románticos. La revista posee un valor documental de primer orden para la historia de la evolución interna del ro­manticismo, y particularmente para el paso de una intención lírico-especulativa a un planteamiento político con tendencia nacio­nal. En resumen, el Diario para los ermi­taños definió de la manera más precisa los ideales políticos y religiosos del nuevo si­glo y dio, además, un impulso original a las ciencias históricas y filológicas, si se pien­sa que de aquí partieron los hermanos Grimm.

G. Federici Ajroldi