Diario de la corte de Francia, Philippe de Courcillon, marqués de Dangeau

Obra que propiamente se titula Mémoires du marquis de Dangeau, ou Journal de la cour de Louis-XIV, y extractos de ella los pu­blicó Voltaire en 1720, Madame de Genlis en 1817, y se editó completo en 1854. El brillante y valeroso militar describe la cor­te francesa de 1684 a 1720; con gran admi­ración por cuanto expresa fuerza y fausto, el autor muestra a Luis XIV en el cénit de su gloria. Hablando del soberano y de su corte, Dangeau no saca a luz sino cuanto tiene relación con el rey, tanto en lo que se refiere a los acontecimientos políticos y militares llevados por él directamente, como en lo que se refiere a las anéc­dotas del palacio de Versalles.

El sereno cortesano sólo ve al rey y al mundo que le rodea, entre pompas, viajes, vida fami­liar. Incluso las mínimas reglas de etiqueta — tales como la de presentar la camisa al soberano al dejar el lecho, según la jerar­quía del reino— se consideran como parte de la órbita de una vasta realeza, la de un gobierno personal que pasará a la poste­ridad por su propia potencia. Sin hacer con­cesiones a las lenguas malignas, el autor ve solamente la gloria y el bienestar, en una sociedad que únicamente vale mientras irradien sobre ella los favores del soberano: Corneille, Sévigné, Moliere sólo son cita­dos fugazmente por el interés literario que despertaban en el rey.

Tanta es la aridez del cronista, que sin hacer ningún panegírico de Luis XIV, demuestra no vivir más que por y para él; Dangeau es el antagonista del duque de Saint-Simon y de sus Memo­rias (v.) tan celebradas por su agudeza de historiador, como por la malignidad de anti­guo feudatario frente al poder absoluto. Un detalle digno de interés es que, en la última parte de su narración, Dangeau habla con cierta aspereza de las sátiras del joven Arouet, es decir, de Voltaire, y éste se ven­gó alegremente publicando en Londres las Memorias y atribuyéndolas, no al viejo mi­litar, sino a un camarero, que recogía los comadreos en la antecámara.

C. Cordié