Diario de la Condesa Francisca Krasinska, escrito en los últimos años del reinado de Augusto III

[Dziennik Fran- riszki Krasiúskiej, wostatnych latach panowania Augusta III pisany]. Esta obra sin­gular, publicada en 1852, es una fiel reconstrucción de la vida íntima y de las afortunadas peripecias de Francisca Krasinska (1743-1795), que Klementyna Tanska Hoffmannowa (1798-1845) compuso en for­ma de diario, sirviéndose de las cartas de la protagonista, de los periódicos de la épo­ca y de los recuerdos recogidos de viva voz re quienes la conocieron. El diario comien­za con la narración de la vida de Francis­ca, que se desenvuelve serenamente en una casa patricia del campo polaco.

El matri­monio de su hermana mayor, Bárbara, con todas las ceremonias tradicionales, pone en la narración una nota de íntima conmoción. Pero, una vez terminadas las fiestas, Francisca, que acaba de cumplir dieciséis años, debe ir a Varsovia para perfeccionar su educación, y, después de pocos meses de monótona vida en un pensionado elegante, es presentada a la corte y lanzada a la vida mundana. Incomparablemente bella, reina de todas las fiestas, Francisca no siente la embriaguez del éxito, porque so­breviene un sentimiento nuevo: el personaje más fascinador de toda Varsovia es ahora el príncipe Carlos, duque de Curlandia, des­tinado a ser elegido rey de Polonia, y la muchacha se siente ingenuamente atraída hacia él.

Cuando el príncipe que la dis­tingue entre todas las bellezas de la Corte, declara a su tío que quiere casarse secre­tamente con ella, el corazón de la mucha­cha da vuelcos de felicidad. Pero aquí comienzan precisamente sus desventuras. La ceremonia nupcial, verificada al alba, cau­telosamente, de incógnito, llena de tristeza a la joven esposa, a la que el marido deja al cabo de una hora. Desde entonces, en su juventud no habrá más que lágrimas. Sin amor de los suyos, que no le perdonan la falsa posición en que la coloca su matri­monio secreto, abandonada por el marido, frívolo e inconstante, vivirá durante años solitaria, llena de dolor.

El diario termina en este punto: unas cartas de Francisca, y de otras personas, que se insertan como complemento de la narración, nos informan de que el príncipe Carlos no fue elegido para el trono de Polonia, al que fue eleva­do Poniatowski; que sólo después de mu­chos años llamó a su mujer a Dresde, donde ella vivió los únicos años tranqui­los y donde nació su hijita María Cristina Albertina, que más tarde, esposa del prín­cipe de Carignan, será la madre de Carlos Alberto. Franciska Krasinska murió joven; su memoria se conserva gracias a este dia­rio, una pequeña obra maestra por la deli­cada frescura con que está en él represen­tada el alma de la jovencita y la vivacidad de la descripción de la vida de los mag­nates de Polonia y de la corte. A la obra, traducida a muchas lenguas, se la creyó en el extranjero el auténtico Diario de la condesa Krasinska. En realidad, la obra, más que a una novela, se parece a uno de esos libros de memorias, característicos de la literatura polaca. Trad. italiana de Maria Bersano Begey con el título Diario di Francesca Krasinska (Roma, 1942).

M. Bersano Begey