Diario de los Goncourt

[Journal]. Las memorias personales de los dos hermanos Edmond (1822-1896) y Jules (1830-1870) de Goncourí no debían ver la luz más que postumas; sin embargo, por muchas razo­nes, Edmond, muerto Jules, decidió publicar entre 1887-1896 los nueve volúmenes que podían tener interés para el público. Una parte de estas memorias está todavía iné­dita. El diario contiene las anotaciones, puede decirse que hechas cada día, de he­chos o escenas vistas, de observaciones pro­pias o de amigos con quienes les ligaba el sentimiento o la costumbre de reunio­nes, como por ejemplo los «diners Magny», donde descollaban las figuras de Gavarni, Sainte-Beuve, Flaubert, Gautier, Renán y Taine, o las recepciones en el célebre salón de la princesa Matilde Bonaparte, donde coincidían pintores, literatos y hombres de ciencia.

Las anotaciones son fragmentos generalmente breves, grabados como puntas secas, que los dos hermanos desarrollaban con sentido artístico poco común; algunas, como el episodio de la vieja Rosa, con su doble personalidad de fiel doméstica y de ramera consumada por el vicio, de la que saldrá la novela Germinia Lacerteux (V.), propiamente un «documento humano», «la tranche de vie» en que la escuela naturalista fundaba la representación artística, pero el breve comentario nos habla tambien del reflejo que la realidad ha suscitado en el alma de los observadores: asom­ar; ante la complejidad de lo real y conmiseración profunda por el sufrimiento.

La tristeza y el pesimismo dominan en estas notas no sólo porque la realidad es más que bella, sino porque la sensibilidad los dos hermanos tiende — en su confesión — a lo morboso. El deseo de reproducir con objetiva exactitud cosas y estados de ánimo induce a los Goncourt a la creación de expresiones personales, sin el preciosismo que a veces se nota en algunas de sus novelas; la amplitud de sus relaciones en el mundo artístico y literario, el cuidado escrupuloso de la sincera e inmediata representación, sin excluir la comprensión de posibles e involuntarios errores, convierten el diario en un precioso documento, no sólo de dos almas de artistas, sino de todo el movimiento estético de la segunda mitad del siglo XIX, cuando París podía llamarse «Ville lumiére».

M. Bonfantini

Es más que un inapreciable documento, hoy por todos reconocido: en estos anales de dos espíritus altivos, pero torturados, de una integridad minuciosa, las observaciones penetran; hay en ellos más de un rasgo que Chanfort no hubiese repudiado. (Du Bos)

Los Goncourt, con sus novelas y con las anotaciones de su Diario, preparatorias de sus novelas, cuentan mucho en la historia del estilo. ¿Del buen estilo? Eso es otra cosa.(Thibaudet)