Deirdre, William Butler Yeats

Tragedia en un acto del ir­landés William Butler Yeats (1865-1939), pu­blicada en 1907. Está inspirada en la leyen­da irlandesa de Deirdre (v.), hija de Fedlimind, arpista del rey Conchobar, quien la ha destinado a ser su esposa y la hace educar en una completa soledad. Pero Deir­dre ve por casualidad a Naoisi, hijo de Usnach, se enamora de él y éste la rapta, ayudado por sus hermanos, y la lleva con­sigo a Escocia. Conchobar logra hacer que vuelva el joven, y él y sus hermanos son muertos. Según la profecía del druida Cathbad, Deirdre debía ser causa del destierro y muerte de héroes. Muerto Naoisi, Deir­dre, para no sobrevivirle, se mata. Yeats ha logrado dar a sus personajes valor y significado universales; algunos pasos de la tragedia, escritos sin duda con la vista puesta en -los grandes modelos isabelinos, son bellísimos, de una poesía no siempre teatral, es verdad, pero sí rica en vigor dra­mático; el conjunto está llevado con gran lujo de lirismo decorativo y la escena se anima con el frecuente empleo de los coros, representados por viejos arpistas.

A. Camerino

*         A la tragedia de Yeats precedieron va­rias tragedias de autores irlandeses sobre el mismo motivo; entre otras, merecen ser recordadas dos: Cuchulain, de Augusta Gregory (1852-1932), publicada en 1902, y Deir­dre, de George William Russell (1867-1935), representada en 1902 y considerada como piedra miliar en el teatro nacional irlandés.

*         También se basa en esta antigua leyenda la tragedia en tres actos Deirdre, la de los dolores [Deirdre of the Sorrows], .que dejó incompleta el dramaturgo irlandés John Millington Synge (1871-1909) y que fue representada en 1910. De humilde nacimiento, pero bellísima, la jovencita Deirdre vive en la cima de un monte, en Emain, junto al castillo real de Conchubor, viejo rey del Ulster, enamorado de ella, y que piensa hacerla reina. El rey conoce los vaticinios que conciernen a la muchacha: que se casará con un rey y que llevará la desgracia y la muerte a la morada real; pero a pesar de todo, sólo espera que la niña tenga la edad conveniente para casarse con ella. Al fin, impaciente por poseerla, el reya va a la cabaña de la joven, en la que ella vive feliz entre bosques y torrentes, y hace saber que pocos días más tarde irán a buscarla. Deirdre se desespera: ella no quiere ser reina, y suplica al rey que la deje en sus bosques, pero Conchubor es inexorable: se debe preparar. A poco de irse el rey, entran en la cabaña para descansar tres cazadores: son Naisi y sus dos hermanos, a quienes Deirdre conoce por su fama. Naisi es bello, valiente y, como Deirdre enamorado de la vida selvática. Ella los acoge amable y al fin suplica al noble cazador que la sustraiga a su destino: que la lleve consigo, y así será hermana y reina en el pequeño «clan» de los cazadores.

Tras alguna vacilación, acepta Naisi, y los jó­venes se casan con la fórmula del rito que uno de los hermanos conocía. En el se­gundo acto, se nos presentan Deirdre y Naisi acampados en lo profundo del bosque de Alban. Han pasado siete años. Los dos amantes están un poco cansados de su so­ledad, cuando Fergus, un buen amigo del rey, llega con sus credenciales, haciéndoles saber que el rey los quiere a los dos en su morada, donde serán acogidos honrosamen­te, porque el rey lo ha olvidado todo. Ellos dudan, pero, al fin, Deirdre se decide. Aban­donarán su querida soledad, y seguirán al buen Fergus. Llegados a la regia morada de Ramo Rojo, los dos amantes se dan cuenta de que el lugar está rodeado de gue­rreros. Llega Conchubor, viejísimo. Naisi querría saltarle al cuello, pero Deirdre le persuade a que se tranquilice, cuando Nai­si oye gritos entre los árboles: son sus dos hermanos, que acaban de ser muertos por la escolta de Conchubor. Furioso, desenvai­na el joven la espada y se lanza en su de­fensa; pero sorprendido entre los hombres de Conchubor, cae apuñalado dentro de la fosa abierta. Así el hado se cumple. Una vez sola, Deirdre llora y se lamenta sobre el cuerpo de su tierno amigo/en tanto Con­chubor se le acerca y, deshecho de vejez y de amor, trata de llevársela con él. En aquel momento, un siervo llega diciendo que Fergus, vuelto del Norte, está saquean­do y ha incendiado el castillo. Conchubor, por lo tanto, que todo lo ha perdido, ya es sólo una sombra de hombre; sólo el amor es en él tan fuerte, que movido por él se acerca a Deirdre y le suplica que le siga, que sea su esposa. Pero Deirdre saca un puñal, lo clava en su propio pecho y cae también ella dentro de la tumba de Naisi. La tragedia, escrita en prosa poética un poco al estilo de las sagas, es una de las mejores obras de Synge y tiene acentos be­llísimos, de impresionante y remota poesía.

C. Linati

Drama agreste y mítico, de sabor único en la literatura moderna. (Tilgher)

*         También la música se ha inspirado en la leyenda gaélica. Recordemos la cantata Deirdre (1897) de Michele Esposito (naci­do en 1855); la obra Deirdre of the Sorrows (1917) de Brewster-Jones; el poema sinfónico The Tragedy of Deirdre (1922) de Edric Cundell (n. 1893). Bennicke Hart (n. 1874) músico el texto de Synge.