[De l’Angelus de l’aube a l’Angelus du soir]. Colección de poesías líricas de Francis Jammes (1868-1938), publicada en 1898. El poeta se vuelve hacia Dios para contemplar el sueño más puro de su alma contemplativa; sufre, pero ama al Creador en la belleza de la Naturaleza. La vida de los humildes, la vida de cada día, es el tema más fecundo de su inspiración; esa vida esconde sus tesoros al profano, pero se los revela al que quiere conocer la verdad con ojos inocentes. Nuestra jornada es una aventura que ha de interpretarse según la ley divina; cada una de las acciones, se inserta así entre todas en la vida más vasta del universo y da a los sentimientos y a los sueños la certidumbre de la realidad. Sólo Dios puede conceder el don de conocer la vida. En la paz del mundo, la plegaria es el medio más puro para comprenderla. Los caminos del Señor están sembrados de bienes, y si el hombre sabe acercarse con gentileza al corazón de las cosas, ellas le revelarán su secreto. En la existencia del cristiano, dos son los «milagros» del día: el alba, levísima en su esplendor y enternecida por los rayos del sol, y el atardecer, entre el azul del cielo que cede a la claridad de la luna y al silencio de la noche.
Flores, hierbas, lagos, prados, glicinas, gladiolos y lilas, vibran en una dulce melancolía. Todo aparece milagroso para el que sabe contemplar las cosas con pureza: un humilde animal («J’aime l’âne…»), el pensamiento del propio fin y el recuerdo de la amada («Lorsque je serais mort…»), o la misma contemplación de la casa y de las personas que nos son queridas («la maison serait pleine de roses»). El poeta evoca el encuentro con una pobre enferma que espera, seguramente en vano, el milagro («J’allai á Lourdes»), o escucha las palabras de amor («Que je t’aime»), o contempla la tenue vida de la Naturaleza en el incesante transformarse de todas las cosas siguiendo una misma ley («Une feuille morte tombe…»). Otras composiciones, hasta una comedieta simbólica en verso, dividida en dos partes, sobre el nacimiento y sobre la muerte del «poeta» — ser que tiene el don de comprender el universo — muestran toda la finura elegiaca del poeta. La obra, construida alrededor del delicado motivo de la admiración de la Naturaleza, muestra bastante bien la persistencia de los temas poéticos de Francis Jammes y tiene el carácter agreste y genuino de su musa. [Trad. de Enrique Diez Cañedo bajo el título Del toque de alba al toque de oración (Madrid, 1921)].
C. Cordié

