Confesiones de Un Joven, George Moore

[Confessions oí a Young Man). Novela del irlan­dés George Moore (1853-1933). Publicada por primera vez en 1888, da principio a la serie de obras autobiográficas que son el máximo exponente del arte del autor: gé­nero en el cual su alma esencialmente sen­sitiva e inclinada al desahogo líricosubjetivo, mejor que en cualquier otro, podía revelarse a sí mismo. La novela nos ofrece un cuadro vivo y verídico del ambiente li­terario y artístico de París, donde Moore, habiendo ido para estudiar pintura, se pue­de decir que recibió su decisiva formación espiritual. Es la historia de su juventud, corrompida y disoluta desde los 15 a los 30 años, el diario de sus peregrinaciones, de su país natal a París, después de la muer­te de su padre; de París a Londres para arreglar sus asuntos financieros y para ini­ciar una nueva carrera literaria; de Lon­dres otra vez a París, que le atrae irresis­tiblemente y que, por fin, muy a su pesar pero necesariamente, abandona, para recluirse en una pequeña habitación de alqui­ler en Londres, donde, ya entrado en la edad madura, cierra tristemente su juventud ávi­da de vida y de placeres.

Es el doloroso re­lato de sus fracasos como pintor, como pe­riodista, como novelista, como crítico; es, en fin — y ésta es la parte más interesante del libro —, una colección de juicios y de crí­ticas sobre todo el mundo intelectual con­temporáneo, francés e inglés. Expresión de aquel espíritu de estetas que, desde Walter Pater a Oscar Wilde, informa todo este pe­ríodo literario. «Deseo que no olvidéis — di­ce Moore en el prólogo de las Confesiones — que la admiración hacia Pater ha hecho sagrado este libro». El tono de esta auto­biografía, profundamente melancólica y, al mismo tiempo, tan a menudo irritante y falta de prejuicios, revela una naturaleza inquieta, siempre descontenta, siempre en busca de un ideal irrealizable. Notable y adecuadísimo a este fin es el diálogo entre el autor y su Conciencia (cap. XIV), donde de una manera muy sugestiva se ilumina la figura del protagonista («un ser artísti­camente culto, sensitivo y sensual…», «un fracasado en todas las empresas…», uno a quien «no interesa nada más que el arte» y que al arte ha sacrificado «padre, madre, riquezas y amantes»). La novela pertenece a la corriente decadente; pero de este de­cadentismo es uno de sus más preciosos exponentes.

M. Samaden