Cinco Poemas de Baudelaire, Claude Debussy

[Cinq poémes de Baudelaire]. Canciones para can­to y piano de Claude Debussy (1862-1918) sobre cinco poesías de Baudelaire: «Le bal­cón», «Harmonie du soir», «Le jet d’eau», «Recueillement» y «La mort des amants». Compuestas entre 1887 y 1889, fueron pu­blicadas en París en 1890. Es la obra de Debussy que experimenta más profunda­mente la influencia wagneriana, y en modo particular de sus obras armónicamente más audaces, del Tristón (v.) y del Parsifal (v.); influencia de que, en cambio, no hay rastro en las Arietas olvidadas (v.) contemporá­neas de estos Poemas. No se puede, por tanto, hablar de imitación, sino más bien de obra que refleja un momento de tran­sición de forma estilística. Se establecen así en estos Poemas algunas formas expre­sivas de derivación wagneriana que queda­rán presentes hasta en obras más maduras. Pero la orientación hacia Wagner en estas canciones fue también provocada por la mis­ma poesía de Baudelaire, que había de ser puesta en música. La desnuda y nerviosa sensualidad de Verlaine, aquellos sus mo­vimientos de alma a un tiempo elementales y refinados, aquella poesía mantenida siem­pre en el tono fluido y espontáneo de la canzzonetta, cuadraba admirablemente con el que había de ser el carácter más típico de la musa debussiana.

En efecto, por aque­llos mismos años Debussy realizaba completamente su mundo con las Arietas olvi­dadas, escritas en 1888. Mucho menos fami­liares debían de serle, en cambio, los gran­des motivos de la poesía de Baudelaire, de profunda y dolorosa complejidad psicológica. Se comprende entonces que Debussy, po­niendo en música cinco poemas de Baude­laire, no haya logrado un perfecto acierto inventivo y haya apuntado, aunque desarrollándola y llevándola a consecuencias nue­vas, a una experiencia de arte tan vasta y rica como la wagneriana. De los Cinco Poe­mas, el más libre de influencia wagneriana (también es menester recordar que en 1888 y en 1889, Debussy hizo dos viajes a Bayreuth) es sin duda «Le jet d’eau», de una armonía debussianamente límpida y de ge­nial escritura pianística. Esta poesía la vol­vió a emplear más tarde Debussy, quien en el año 1907 la transcribió para orquesta. También los demás poemas, menos logra­dos, no carecen, sin embargo, de momentos en los cuales se manifiesta la novedad del estilo debussiano. Son particularmente no­tables el cuarto y el quinto: «Recueillement» y «La mort des amants». Uno por ciertas evocaciones de atmósferas nocturnas: es el París nocturno, que volveremos a encontrar en la cuarta de las Prosas líricas (v.), «Le soir», y en el primero de los tres Noctur­nos (v.), «Nuages»; el otro, por una refina­dísima escritura armónica que supera en un cromatismo sutil y delicado a los más audaces momentos de Wagner.

A. Mantelli