Cartas al Magnífico, Luigi Pulci

[Lettere al Magnifico]. Luigi Pulci (1432-1484), que de los tres hermanos (los otros fueron Lucas y Bernardo) era el más íntimo de Lorenzo de Médicis, revela plenamente esa intimi­dad en estas cartas, que expresan gran des­consuelo por la ausencia de Lorenzo, con el cual él sentía «una segura conformidad que viene de las estrellas y hace que yo te ame tanto y confíe además en que tú me amas mucho». Fue, en efecto, Lorenzo quien obtuvo la revocación de su destierro de Florencia por las deudas de su hermano Lucas; y fue también Lorenzo quien mandó a su amigo poeta en misión a Camerino, cerca de Giulio Cesare da Varano (1470), y a Nápoles (1471). Las cartas referentes a estas dos legaciones informan minucio­samente al alto protector de los caracteres predominantes en la corte y de los esfuer­zos de Pulci para acrecentar la reputación de Lorenzo. Pero todas las cartas de Pulci, de las cuales nos ha llegado una buena parte, están llenas de brío, de chanzas, de alusiones, y parecen un conversar inge­nioso y algo desordenado, como de quien vacía con agudeza el saco de las noticias después de larga ausencia. Escritas sin in­tención premeditada, revelan en su viva­cidad al hombre de imaginación jovial, que sabe captar rápidamente el lado ridículo de las cosas o narrar placenteramente los más serios acontecimientos.

Son frecuentes en ellas las narraciones y los episodios, de manera que algunas parecen notas de viaje o misceláneas. Cuando en 1472 Luigi Pulci acompañó a Roma a la esposa de Lorenzo, Clarice Orsini, y fue con ella a visitar á Zoé Paleologa, hija del déspota de Morea, aprovechó la ocasión para describir en cari­catura a lo que él llama «extraño esperpento, cúpula de Norcia, montaña de grasa». Ha­biendo presenciado el derrumbamiento de la cúpula de una iglesia, en Foligno, nos deja una vivísima pintura del accidente, del pánico entre los fieles, del trastorno que produjo y de sus más curiosas conse­cuencias. Con sus cartas transmite a me­nudo a Lorenzo algunos versos, una can­ción, un cuento, sonetos jocosos o satíricos, chistes, con los cuales ridiculiza la lengua y las costumbres de otras ciudades, con su picante ingenio tan florentino, y, sin em­bargo, a pesar de tales apariencias, estas Cartas no son frívolas, pues revelan un ca­rácter reflexivo que, junto con lo dulce, saborea profundamente lo amargo de la vida, lo cual a menudo se traduce en sen­tencias pesimistas y en significativos pasa­jes de inquietud y de angustia religiosa.

G. Gervasoni