Cartas a Lidia, Edoardo Scarfoglio

[Lettere a Lydia]. Epistolario de Edoardo Scarfoglio (1860- 1917) primeramente publicado anónimo, sin conocimiento del autor, 1907. Es una serie de cartas escritas entre agosto y noviembre de 1906 a la mujer amada; ardiente testi­monio de la pasión amorosa del escritor, y documento del viaje que efectuó en la pe­queña embarcación «Claretta», de Constantinopla a Gallípoli, en la desembocadura del Simocis, y de allí, tocando varios puer­tos del Egeo, hasta Mesina. Contienen mu­chas y bellas páginas ricas en recuerdos, sobre la Acrópolis, Bizancio, «la sucia y maravillosa ciudad con sus colores cálidos, que van del pardo al rojo, intercalados con las deslumbradoras manchas blancas de los palacios de mármol», las impresiones que despierta en él la visita al lugar donde estuvo Troya, de la cual su fantasía hace resurgir los palacios, con sus muros cicló­peos, con sus pavimentos de mármol y co­lumnas revestidas de hojas de oro y de bronce, y que le sugiere una interpretación histórico-económica de la maravillosa aven­tura de amor que impulsó a los griegos a una guerra de diez años;, la isla de Lesbos que, rosada por la mañana, se torna «ardiente después de mediodía para al oca­so volverse de color violeta, como el ca­bello de Safo»; las murallas de Micenas, testimonios irrefutables de un gran pode­río y riqueza; Olimpia, «valle lleno del formidable sol de julio, de laureles, de can­tos de cigarras»; donde el Alfeo desciende «vehemente y rumoroso de los montes de Arcadia, azul como una cinta de agua ma­rina», la descripción de la batalla de los Lapitas con los centauros, figurada en el bellísimo friso del templo de Olimpia.

Las reminiscencias clásicas brotan no sólo de sus descripciones de lugares, sino también de los apelativos que Scarfoglio dirige a Lydia «leukolena, de los brazos blancos»; no parece sino que el propio contacto con el mar, con el sol y con aquellos países en que se desarrolló una antiquísima civili­zación mediterránea ofrecen a Scarfoglio la posibilidad de olvidar completamente las pasiones políticas, a las que dedicó tan gran parte de su inteligencia y de su vida, para sólo dejar lugar a sus ensueños de Ulises infatigable y soberbio. Aun queriendo con­siderar estas cartas, que tanto ruido levan­taron al ser publicadas, solamente como un epistolario de amor, se impone su perfec­ción artística, alcanzada sin detrimento de su espontáneo entusiasmo.

L. Fuá

Scarfoglio era uno de los escritores de quien se dice, en primer lugar, que «escri­ben bien», es más, que «son buenos escri­tores», pero dicho esto, poco queda por decir de ellos. (P. Pancrazi)