Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno, Giulio Cesare Croce y Adriano Banchieri

[Bertoldo, Bertoldino e Cacasenno]. Bajo este título se reúnen corrientemente tres relatos populares de los cuales el pri­mero, Bertoldo, y el segundo, Bertoldino, son de Giulio Cesare Croce (1550-1609), y el tercero, Cacaseno, que continúa los otros dos, del monje Adriano Banchieri (1567- 1634). Es dudosa la fecha de publicación: la primera edición importante de las tres obras reunidas es de 1620. Bertoldo, nacido de la observación de las costumbres del pueblo, de sus palabras y máximas sencillas y sensatas, puede gloriarse de descender de una Disputa de Salomón con Marcoljo co­nocida ya en el siglo XII y traducida, a diversas lenguas, de su primitiva forma la­tina, en 1470. La fábula se desarrolla durante un imaginario reinado de Alboino, rey de los longobardos, en su corte de Verona, adonde llega el villano Bertoldo (v.) «de cuerpo pequeño y con la cabeza grande y redonda como una pelota, la frente rugo­sa, los ojos grandes como el fuego, las cejas largas y ásperas como cerdas, las orejas de asno, la boca grande y algo torcida con el labio inferior colgante como el de un caba­llo». Pertoldo, lleno de talento, de ingenio y de aguda cordura, se hace querer por el rey, pero debido a su ruda sinceridad es mal visto por la reina, cuya enemistad pro­cura al villano algunas aventuras desagra­dables.

Pero Bertoldo sabe salir siempre del conflicto con honor, reconquistando cada vez la aumentada benevolencia del rey. Junto a él da pruebas de igual sagacidad su mujer Marcolfa. Las enseñanzas de Ber­toldo nacen de los proverbios, apólogos y anécdotas, y están inspirados siempre por una sinceridad casi brutal en divertido contraste con las costumbres y modas de los cortesanos. Bertoldo, consejero del rey, honrado, reverenciado y colmado de dones, muere porque el monarca le obliga a aban­donar los alimentos sencillos, a los que había continuado fiel, por las complicadas viandas de su mesa. Bertoldino está dedi­cado al hijo de Bertoldo, tan estúpido como sagaz era su padre. Sin embargo, tam­bién Bertoldino (v.) es recibido en la corte y favorecido por el rey, debido al buen recuerdo dejado por su padre y porque sus estupideces y sus tontas palabras divierten tanto como las astucias paternas. La tercera parte narra las «necedades de Cacaseno, hijo de Bertoldino», quien, sin embargo, con el tiempo, se vuelve juicioso y cuerdo. Buen hijo pero auténtico idiota, Cacaseno, invi­tado a la Corte, divierte también al rey y a la reina mientras desespera a su abuela Marcolfa, que remedia sus tonterías como había remediado ya las de Bertoldino. Pero esta última parte resulta floja, privada de la inagotable vena narrativa que anima las dos primeras. La moraleja de la fábula es la exaltación de la sinceridad y de la vida sencilla y campesina, opuesta a la adula­ción de los cortesanos. En el siglo XVIII Bertoldo fue transformado en poema en veinte cantos, obra de veinte autores. [La versión española, cuya primera edición es anónima (Madrid, 1745), lleva por título en la segunda, traducida por J. Bartolomé: Historia de la vida, hechos y astucias suti­lísimas del rústico Bertoldo, la de Bertol­dino su hijo y la de Cacaseno su nieto. Existen innumerables reimpresiones].

G. Falco

*   En el Carnaval de 1749, Carlo Goldo­ni (1707-1793) extrajo un drama humorís­tico con música de Vincenzo Ciampi, cono­cido también con el título Bertoldo in Corte.