Ascanio en Alba, Giuseppe Parini

[Ascanio in Alba]. Melodrama compuesto en 1771 por Giuseppe Parini (1729-1799) y representado con música de Amadeus Wolfgang Mozart, que entonces tenía quince años, el 17 de octu­bre del mismo año, para celebrar las bodas del archiduque Fernando de Austria con María Beatriz de Este. La acción se des­arrolla en una parte del campo donde más tarde surgirá Alba. Venus (v.) propicia a dicha tierra amena y a la virtud de los pastores que la habitan, va a visitarla y a dar principio a la fundación de la ciudad. Su nieto Ascanio (v.) se casará con Silvia, una linda pastorcilla del lugar, descendien­te de Hércules; pero, antes de las bodas, un amable engaño de la diosa permitirá a los jóvenes, que nunca se han encontrado, verse y amarse exclusivamente por sus cua­lidades humanas. A Silvia se le aparece — no sabe si es un sueño o una visión — un rubio jovencito que con su gracia le ha robado el corazón. La muchacha anhela con tímida fogosidad el encantador fantasma y, cuando Ascanio se presenta ante ella con falso ropaje, ve en el desconocido visitante la imagen de sus pensamientos.

También el joven queda encantado de la belleza de la muchacha. Ahora el ánimo de Silvia está sumido en amarga duda: la fe prometida a Ascanio se opone a su amor por el desco­nocido; pero la lucha es breve y ella se dispone ya al sacrificio del corazón para hacer triunfar a la virtud, cuando el an­ciano pastor Alcestes, su guardián, le re­vela que Ascanio y el desconocido son una misma persona. Se dispone la fiesta nupcial; mientras pastores y pastorcillas van a ornar el lugar con guirnaldas y flores, por obra de las Gracias y los Genios se ve que los troncos de los árboles se transfor­man en columnas y se ordenan en un bello orden arquitectónico. Es la ciudad de Alba, que surge por encanto. Venus desciende del cielo, asiste al rito y exhorta a los jóvenes esposos para que protejan y gobiernen con justicia y amor al pueblo que les ha sido confiado, haciéndolo así partícipe de su fe­licidad. La alegoría de la fábula es trans­parente: Venus es la emperatriz María Te­resa, Ascanio y Silvia los príncipes recién casados, Alcestes el padrino Duque de Módena, Alba el Estado de Milán. La compo­sición no carece de valores formales, pero no puede llamarse una novedad. La inven­ción, la atmósfera, el tono del sueño idíli­co pertenecen al mundo convencional de la Arcadia, así como la estructura sencilla, clara, ingenua, la psicología leve, vaporosa, la gracia melódica de los recitales, de las arietas y de los coros se inspiran en el arte mucho más feliz del melodrama de Metas­tasio.

A. Massariello