Anton Reiser. Novela psicológica, Karl Philip Moritz

 [Antón Reiser, psychologischer Román], Novela alemana autobiográfica de Karl Philip Moritz (1727-1793), editada en varias entre­gas, entre 1785 y 1790. El autor no narra en primera persona, pero se identifica con Antón Reiser, de quien relata minuciosa­mente la vida empezando por la primera infancia y acabando en los veinte años. Antón es hijo de un peletero de una pe­queña ciudad de provincias alemana. El ambiente familiar, obsesionado por las doc­trinas de Mme. Guyon que encontraron en alemania muchos secuaces, determina en el pequeño Antón un estado de exaltación mística. Los padres, completamente presos del fanatismo religioso, no se ocupan del niño entristecido con la nostalgia de un poco de calor humano. Hacia los diez años sufre la primera gran desilusión: le sacan de la escuela y envían de aprendiz con un sombrerero de la misma secta, en una ciu­dad próxima. Allí pasa años de verdadero martirio; el único consuelo y luz son los sermones de un pastor que representan al mismo tiempo para él una evasión espiritual e intelectual. Los trabajos, las fatigas y el pesimismo religioso le llevan a veces al umbral de la desesperación, se siente peca­dor y perdido y así es considerado por quienes le rodean, incapaces de compren­der las exigencias de su fantasía. Sin em­bargo Antón cree en la vida y resucita de tarde en tarde en la fe de un sueño. Si en Goethe (v. Poesía y verdad) la plena realidad se transforma en poesía, en Reiser el sueño es poesía y vida y se destroza cada vez chocando contra la realidad de una existencia dura e ingrata. Así como el pequeño sombrerero sueña como oasis de delicia en la escuela, que será fuente de humillaciones y amarguras, así el estu­diante arde de verdadera pasión por el tea­tro que le alienta y subyuga para desilusionarle cuando le parece haber alcanzado la meta. También termina el relato con una última desilusión teatral.

En toda esta lar­ga historia de veinte años no hay una palabra de amor. La vida interior de An­tón es completa creación de la fantasía, la vida exterior es tan miserable y humillante que no deja lugar a la menor sonrisa y sólo algunos toques de luz llegan de la amistad de pocos compañeros, entre los cuales Iffland que participa en su amor al teatro. El autor de las Desventuras del jo­ven Werther (v.), a quien cuando joven ansió conocer sin atreverse a esperarlo, fue después gran amigo suyo y llegó a decir que después de la lectura de Antón Reiser le sintió como su «hermano menor», de «su misma estirpe». En verdad la finura de la introspección psicológica, el fuerte sentido del ambiente y el motivo central de las re­laciones entre realidad y sueño, entre vida y representación, ofrecen, aunque sea en un plano modesto, puntos de contacto con Poesía y verdad y con Wilhelm Meister (v.).

G. Federici Ajroldi